sábado, 17 de octubre de 2009

Trabajado empate

El Cádiz llegaba al Teresa Rivero para enfrentarse al Rayo Vallecano después de haber caído ante el Cartagena con estrépito. Enfrente, tenía a un Rayo que estaba en el grupo de cabeza, jugando con solvencia y sin apenas fisuras. Seis puntos distanciaban a ambos clubes en la clasificación antes de que el encuentro diera comienzo. Cabe destacar el gran ambiente que hubo entre ambas aficiones antes del partido, tanto fuera del estadio como en el interior del mismo, donde se sacaron varias pancartas haciendo referencias a los vínculos existentes entre los dos equipos.

El técnico cadista, Xabi Gracia, apostó en el once titular por Kiko Casilla en detrimento del checo Zlamal, secundado por una línea de cuatro con Cifu en el lateral zurdo, Fragoso y Álvaro Silva en el centro de la defensa y Cristian en el lateral diestro; con Erice y Abraham en el medio campo y con Enrique y López Silva en las bandas derecha e izquierda, respectivamente. Enlazando estuvo un motivado Carlos Caballero y en la punta de ataque, Ogbeche. Nada más decretar el valenciano Lizondo Cortés el inicio de la contienda, llegó el primer susto para el Cádiz, pues Fragoso erró un pase a la altura del medio campo que fue aprovechado por los jugadores del Rayo para dejar en posición de remate a Rubén Castro, quien finalmente no acertó a disparar con claridad, embarullándose entre los zagueros amarillos. Quero fue otro jugador rayista que lo intentó en estos primeros compases, entrando por banda derecha o internándose desde el centro.

Mientras tanto, el Cádiz intentaba encontrarse a sí mismo, quitándose de encima el acoso del rival despejando balones en largo buscando a Ogbeche, que las bajaba todas, o a Enrique Ortiz. Poco a poco, el Cádiz fue asentándose en el terreno de juego e intentó trenzar jugadas en el medio del campo y en la banda derecha, pero unas veces Movilla y otras Tena, acababan desbaratando las intentonas cadistas. El Rayo, pese a todo, no se agazapó y llegó con peligro al área de Casilla gracias a las internadas de Quero y Jofre por los extremos, estando a punto de marcar Rubén Castro después de una bella jugada desde la banda, en la que el atacante local le hizo un sombrero a Fragoso antes de cedérsela al delantero canario.

Múltiples ocasiones

El Cádiz gozó, a partir del minuto veinte de partido, de sus mejores momentos, sintiéndose amo y señor de la pelota y de las ocasiones de peligro. Erice pudo haber marcado de cabeza después de un soberbio centro de Cristian, pero su remate acabó dando en el palo de Cobeño. También pudo haber abierto la lata Caballero tras tocar con la puntera suavemente un pase picado de Abraham entre los defensores rayistas, pero el meta estuvo atento y blocó sin problemas. Poco después de que Erice estuviera a punto de batir al guardameta del Rayo tras enganchar una buena volea desde fuera del área, el equipo local pareció espolearse y retornó al encuentro. Piti fue quien mejor ejemplificó esta reacción, probando en dos ocasiones a Casilla desde lejos hasta que, finalmente, Rubén Castro consiguió marcar el primer gol. El canario consiguió quitarse de encima la presión de Jon Erice y abrió el terreno de juego hacia la banda derecha, donde esperaba Quero, quien llegó hasta el borde del área amarilla ante la pasividad de todos. Plácidamente, Quero metió un balón entre Fragoso y Silva que recogió adelantado Rubén Castro, quien de tiro raso superó la salida del guardameta cadista.

A raíz del inesperado gol, el Cádiz se vino abajo, a la espera de que se llegara al final de los primeros cuarenta y cinco minutos sin lamentar ningún gol más en contra. El Rayo lo intentó por banda izquierda, con Jofre y Albacar inquietando a Cristian, hasta que decidió esperar a ver qué deparaba el segundo acto y se dedicó a matar el partido mediante pases en corto de un lado a otro del campo. De esta forma se llegó al descanso.

Tras la reanudación, Gracia movió el banquillo e introdujo al canterano Fran Cortés en sustitución de Abraham. El Cádiz salió con más ganas, consciente de que no podía perder más puntos y que, en vista de cómo había transcurrido el primer tiempo, el resultado que campeaba en el marcador era injusto. Así, llegó el gol del empate, obra de Ogbeche, quien supo aprovecharse de un rechace en el área tras un cabezazo de Enrique para instaurar las tablas en el luminoso. Con el 1-1 el partido enloqueció, siendo completamente de ida y vuelta. Ambos equipos fueron a la desesperada a por el segundo gol, prescindiendo del toque en el centro del campo y entrando con velocidad y descaro por los extremos.

En este intercambio de golpes el Cádiz acabó perdiendo, puesto que, tras una pérdida en el centro del campo de Erice, el Rayo volvió a adelantarse en el marcador. Tras el robo de Movilla, un recién ingresado Pacheco recibió de espaldas al borde del área y, tras pivotar, consiguió dar un pase franco para que Míchel, batiera al guardameta cadista tras una mala salida del mismo. Este gol, lejos de hundir al Cádiz, hizo que fuera a por el segundo tanto con mayor empuje. López Silva fue el futbolista más destacado en esta fase del partido, inquietando a sus marcadores por la banda izquierda, por la derecha o por el centro. El onubense ganaba cada acción y centraba con facilidad a pesar de no encontrar nunca rematador.

Ogbeche

Esto fue así hasta que el nigeriano Ogbeche logró la igualada de cabeza, rematando limpiamente y al primer palo uno de estos centros de López desde la izquierda, ante el que nada pudo hacer el cancerbero del Rayo. Nada más empatar, Gracia decidió sustituir a Enrique por Nano González, lo que propició que López Silva se cambiara de banda, pasando a actuar definitivamente por la derecha. Nuevamente el encuentro enloqueció y, esta vez, quien parecía más cerca de marcar el tercer gol fue el Cádiz, puesto que tanto López Silva como Carlos Caballero llegaron con peligro a las inmediaciones del área rival.

Sobre todo, López Silva, quien consecutivamente probó fortuna: una, disparando desde lejos tras un buen robo de balón de Erice, en la que el balón se marchó por encima del travesaño de Cobeño. La otra, fue entrando desde la banda derecha y recortando a Albacar hasta pisar área, pero su disparo acabó dando en el lateral de la red. Fue tras esta jugada cuando el extremo cadista se lesionó, quedándose en el suelo nada más disparar a puerta, lo que provocó la indignación de la grada del Teresa Rivero, que entendió que el onubense pretendía perder tiempo. Pero esto no fue así porque, pocos minutos después, lo acabó sustituyendo el uruguayo Andrés Fleurquín. Sin López, el Cádiz dio un paso atrás, cediéndole la iniciativa a los de Pepe Mel a la espera de sorprender a la contra.

Horrible Lizondo

Pero estos minutos finales tuvieron un protagonista inesperado: el valenciano Lizondo Cortés, que decidió erigirse en protagonista de la contienda, destrozando un partido que, hasta ese momento, había sido de guante blanco y bien competido. El colegiado decidió señalar faltas en acciones que no merecían tal calificativo, desquiciando a jugadores de uno y otro equipo.

A pesar del árbitro, ambos equipos aún gozaron de dos buenas opciones para romper las tablas del marcador. Primero fue Rubén Castro, quien remató fuera un buen centro que le vino desde la izquierda. Después, el turno fue de Ogbeche, que rozó el hat-trick después de rematar de media chilena un pase bombeado de Caballero que se marchó por muy poco por encima del larguero. Fue en estos momentos, y tras un fuerte roce entre Cristian y Albacar, cuando Lizondo Cortés decidió expulsar al zaguero del Rayo después de interpretar que este había agredido al lateral derecho del Cádiz. Esta expulsión terminó de afear el partido, con un descuento que pasó con más pena que gloria y con polémica, puesto que, cuando el Rayo podía haber marcado el tercero en un contragolpe, el árbitro valenciano señaló el final del encuentro, con la consiguiente pitada de la afición madrileña.

Así pues, 2-2, reparto de puntos y muy buena imagen del Cádiz, que llegó con frecuencia al área rival y mereció algo más.

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El cadismo se hizo notar en Vallecas


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La arroba para Bartho

En un partido en el que casi todos los futbolistas del Cádiz jugaron a un gran nivel, con un Erice cada vez más asentado en el centro del campo, con un Caballero motivadísimo por jugar en su ciudad y con un López Silva percutiendo como toda la afición quería, para mí, el mejor hombre del partido fue el nigeriano Ogbeche.

Y no sólo por los dos goles, que teniendo en cuenta la sequía de los delanteros ya sería razón suficiente como para considerarlo como el mejor, sino por todo lo demás. En todo momento luchó con los defensas, ganándoles los balones que le vinieron por alto de las botas de Casilla y dejándoselos francos a Erice, Abraham o Fran Cortés para iniciar una segunda jugada. Porque además de ello abrió espacios para facilitar las internadas por banda de Cristian, Enrique o López Silva. Porque fue generoso en el esfuerzo y bajó al centro del campo para recibir balones. Porque disparó con mucho peligro, siendo una pesadilla para Cobeño.

Por todo ello, además de su sensacional cabezazo que supuso el 2-2 definitivo y por el balón que se encontró en el área para marcar el primero, Ogbeche se merece la arroba de la octava jornada.

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