domingo, 29 de noviembre de 2009

La arroba para Tristán

Se le estaba esperando con ilusión y con ganas. Y Diego Tristán no decepcionó. Por fin fue titular y demostró por qué fue el fichaje estrella del Cádiz el pasado Verano. Muy participativo en todo momento, desempeñó en el esquema de Gracia la función de media punta, asociándose perfectamente con los extremos y con Ogbeche. Ojo a esta sociedad, que ha dado muy buenos frutos contra el Celta y que puede ser vital para futuros choques.

El de La Algaba corrió, luchó y demostró la enorme calidad que atesoran sus botas en todo momento. Suya fue la preciosa asistencia para que Enrique marcara el segundo gol del partido, del mismo modo que suyo fue el tercer gol, que mató todo atisbo de reacción por parte del Celta, después de una preciosa volea. Este gol fue la guinda del pastel a un partido redondo, en el que ya antes había gozado de un par de buenas oportunidades para estrenarse en Liga como goleador.

Quisiera destacar, a pesar de que para mí el mejor fue Tristán, el gran partido que hicieron tanto Nano González (que suplió a la perfección a López Silva) y una vez más, Ogbeche.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Victoria aplastante

El Cádiz derrota al Celta en su primera final y consigue así un colchón de cuatro puntos con la zona de descenso, en un encuentro muy serio de los de Gracia que tuvo a Tristán como futbolista más destacado.

Después de una difícil semana en la que se cuestionó mucho la continuidad del entrenador y la marcha del equipo en esta temporada, el Cádiz regresaba a Carranza para enfrentarse al Celta de Vigo en un encuentro que suponía la primera final del año para los amarillos. La victoria era vital para ambas escuadras, muy necesitadas, ya que de lograrla conseguirían eludir los tan temidos puestos de descenso. Consciente de la imperiosa necesidad de ganar, Xabi Gracia incluyó cambios en el once titular con respecto a jornadas anteriores, destacando la presencia de de Nano González en la banda izquierda en sustitución del sancionado López Silva y de Diego Tristán, que formó junto al nigeriano Ogbeche la dupla atacante.

Así, el Cádiz renunciaba a jugar con un enganche, pasando a hacerlo con dos delanteros puros, algo muy solicitado por la grada de Carranza.

El inicio del Cádiz fue fulgurante, asentándose en el medio campo y sin cederle ni un palmo de terreno al Celta, que llegó en los primeros minutos con un tímido disparo de Hugo Mallo. Por su parte, el Cádiz dispuso de dos saques de esquina consecutivos propiciados después de dos buenas intervenciones de Ogbeche que Falcón, guardameta celeste, despejó sin problemas. La actitud del Cádiz era distinta, presionando la salida del balón celtiña y trenzando jugadas para llegar al área rival.

Fruto de este buen juego llegó el primer gol, obra de Cristian y que fue muy criticado por los defensas del Celta, que consideraban que el tanto no debía subir al marcador por una falta previa sobre su guardameta. La jugada nació de las botas de Ogbeche, que después de robar un balón con perseverancia en el medio del campo se la dejó a Tristán, quien de inmediato abrió a la banda izquierda. Nano recibió el balón y tras desbordar a su marcador, centró para que Enrique rematara, mas el extremeño no pudo llegar, obstaculizando a Falcón y fue en ese momento cuando Cristian abrió la lata, de media chilena.

Nada más poner el balón nuevamente en juego el Celta protestó otra decisión arbitral: en esta ocasión la decisión de Hevia Obras de no señalar penalti después de un derribo de Nano González sobre Iago Aspas cuando éste se internaba en el área.

El Cádiz, mientras tanto, siguió a lo suyo, monopolizando el balón, enlazando con calma y mordiendo cada vez que el Celta tenía la posesión para robársela. Así, Ogbeche gozó de una muy buena oportunidad después de recibir un balón largo de Tristán, pero su lanzamiento orientado fue despejado por Falcón, que la dejó muerta en el área. Tristán recogió la pelota, pero estuvo demasiado lento y no pudo marcar el segundo gol del encuentro.

A la contra

El Celta lo intentaba pero no podía. Después del disparo de Iago tras un centro de Saulo que despejó a corner Casilla, el Cádiz mató el partido en una contra de libro. Fragoso interceptó en el área una pelota botada desde la esquina por Trashorras y se la cedió a Tristán. El de La Algaba desplazó el balón en largo buscando a Enrique Ortiz, que estaba solo en campo vigués. El extremeño corrió tras el balón, perseguido por defensores celestes y, cuando pisó área, batió a Falcón con una preciosa vaselina. 2-0 y delirio en las gradas de Carranza en el primer cuarto de hora de partido.

El Celta acusó el mazazo y, a pesar de hacerse con el control de la bola, lo hizo de una forma mansa, sin saber qué hacer con ella. El único futbolista que intentaba inquietar a los defensores cadistas fue Iago Aspas, que estuvo muy activo en todo momento. Pero delante había un Cádiz dueño y señor del partido: sólido atrás y brillante en ataque. Las intentonas celtiñas eran desbaratadas sin problemas por Silva, Fragoso o Erice, quienes rápidamente buscaban a Ogbeche para montar otra contra. En estos minutos destacaron algunas jugadas entre el nigeriano y Tristán, que eran truncadas con esfuerzo por Falcón o sus defensores y que fueron recibidas con alegría por la afición presente en el estadio.

Al borde del descanso e inexplicablemente, el Celta consiguió meterse nuevamente en el partido tras lograr marcar después de una bonita jugada que nació en las botas de Saulo. El extremo centró después de irse por banda y el esférico fue rematado en el área pequeña por Joselu después de que Iago dejara pasar el balón, despistando a Casilla y a los zagueros. Así pues, 2-1 al final de los primeros cuarenta y cinco minutos, con cierta incertidumbre por el reciente gol visitante después de lo visto a lo largo del encuentro.

No se hizo esperar

Pero esta inquietud duró el tiempo de descanso, puesto que nada más reanudarse la contienda el Cádiz logró dinamitar el partido, marcando el tercer y definitivo gol. Nada más sacar de centro el balón le llegó a Nano González, quien colgó un buen balón que Tristán aprovechó para batir a Falcón con un magistral zurdazo de volea. Era lo que le faltaba al delantero andaluz, que realizó un partido muy serio y completo. A pesar de ello, el Cádiz quería más y Enrique gozó de una muy buena ocasión en estos minutos iniciales para batir al meta celeste, pero su disparo desde fuera del área se marchó alto.

Este gol tan tempranero supuso un auténtico jarro de agua fría para los de Eusebio Sacristán, que no pudieron reaccionar a pesar de que el Cádiz les cedió por completo la iniciativa del partido, a la espera de hacer el cuarto en algún otro contragolpe. Finalmente esto no pudo darse y el encuentro acabó con el 3-1 en el luminoso, un resultado que dejó a todos los aficionados cadistas satisfechos después de los malos resultados de las jornadas anteriores.

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martes, 24 de noviembre de 2009

¿Qué pasa con Tristán?

Pasan las jornadas y son muchas las preguntas que me van surgiendo a medida que avanza la competición, siendo una de las más recurrentes la siguiente: ¿qué pasa con Diego Tristán? ¿Por qué apenas juega el delantero de La Algaba? Su sistemática suplencia es uno de los hechos que menos comprendo de este Cádiz. Comprendo que en estos momentos, y teniendo en cuenta su buen estado de forma, Gracia prefiera a Ogbeche para la punta de ataque, pero es que incluso antes de que el delantero nigeriano eclosionara, Tristán tampoco jugaba. Es más, ni iba convocado, como ocurrió en la cuarta jornada de Liga, cuando Gracia decidió que viajara a Alicante un recién llegado Ogbeche (que de hecho llegó a debutar de amarillo contra el Hércules), dejando en Cádiz a Tristán, sin que este padeciera lesión de ningún tipo.

Llegó con la vitola de crack, siendo el fichaje estrella del pasado Verano después de su paso por el West Ham inglés, pero en lo que va de temporada ha disputado sólo seis partidos, jugando un total de 161 minutos. A pesar de todos los elementos en contra que desaconsejaban su contratación, siendo el principal su bajo rendimiento en las tres últimas temporadas en el Mallorca, Livorno y West Ham, fue una incorporación que generó cierta ilusión entre la afición y que, por encima de ello, venía avalada por su trayectoria anterior. Venía avalada por ser ese joven delantero que deslumbró en Mallorca en su debut en Primera y al que se rifaron los grandes del momento, con todo un Real Madrid a la cabeza. Por el Centenariazo, por el Pichichi, por haber sido internacional con la Roja. Cierto es que del pasado no se vive y que, además, Tristán ha sido famoso por sus problemas extradeportivos, pero esto no es óbice para descartar a un futbolista que puede ser muy válido en una categoría como la Segunda División.

Reconozco que no era partidario de la incorporación del delantero sevillano por parecerme muy complicada su rehabilitación para este deporte después de tanto tiempo sin brillar. Igualmente, reconozco que veía con mejores ojos la llegada de otros ex Primeras que manejó, según la rumorología, la Secretaría Técnica del club como, el hoy futbolista del Cartagena, Víctor. Pero olvidando esto y partiendo de la base de que, para bien o para mal, Tristán está en la plantilla cadista, ¿por qué no hacer uso de él? Su experiencia puede ser muy importante para salvar la categoría al final de temporada, ¿por qué no aprovecharla? ¿Por qué dejarlo postergado en el banquillo o en la grada en vez de darle minutos para que entre en la dinámica de partidos y así pueda aportar su granito de arena?

Todo esto es lo que me pregunto cuando veo que semana tras semana Tristán se queda fuera de la convocatoria o en el banquillo cuando no tiene ninguna lesión de importancia que desaconseje su participación en Liga. Sólo me cabe pensar que se deba a la cabezonería del entrenador y, de ser así, confío que pronto Gracia entre en razón, por su propio bien y por el del Cádiz.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

La primera final

Pocos aficionados cadistas podrían haber imaginado que para el veintinueve de Noviembre tendrían que vivir un encuentro importantísimo para el futuro en la Liga Adelante de su equipo. Pero la realidad, más allá de lo imaginable y de lo que pudiera haber pasado de haber ido la competición por otros derroteros, es que este fin de semana Carranza será el escenario de un partido vital para los intereses del Cádiz Club de Fútbol. Cierto es que quedan muchísimas jornadas por delante, pero la importancia de este partido estriba en que el rival está inmerso en la lucha por no descender y que está a un punto del Cádiz. Por mucha Liga que quede, estos partidos deben ganarse obligatoriamente para marcar diferencias y alejarse de los puestos de peligro cuanto antes.

Enfrente estará un Celta que no levanta cabeza desde su descenso hace tres temporadas, puesto que lleva desde entonces jugando con fuego. Y el año pasado casi se quemó: coqueteando con el descenso hasta que consiguió eludirlo, propiciando que el Alavés perdiera la categoría en el último suspiro. El Celta que llegará a Carranza es un equipo bipolar: horrible en Liga, donde ya lleva seis jornadas en puestos de descenso, y genial en la Copa del Rey, donde aún sigue con vida después de eliminar a todo un Primera como el Club Deportivo Tenerife, siendo además muy superior a él en toda la eliminatoria. En definitiva, un duelo con dos equipos muy igualados, con las mismas urgencias y, debido a su significado, muy atractivo.

Sólo cabe ganar, pues de caer derrotados volveríamos a entrar en los puestos de descenso y, lo que es peor, un rival directo nos adelantaría en la clasificación. De ganar, el colchón respecto al Celta sería de cuatro puntos y se podría encarar, con más calma y menos urgencias, los próximos compromisos. Esta es nuestra Liga. El Celta, Murcia, Castellón, Real Unión, Girona, Huesca o Villarreal B, nuestros rivales a batir. De nada sirve empatarle al Rayo Vallecano si el colista te mete cuatro. Es contra esos rivales ante los que hay que dar el golpe de autoridad, demostrar carácter y ganar, para tener más puntos que ellos o el goal-average a tu favor al final de todo. Y el Cádiz ya ha caído, y con estrépito además, contra tres de ellos.

Hay que demostrar más seguridad defensiva, tener más hambre, no dejarse intimidar. Estas goleadas duelen mucho, más por quién te las mete que por los goles encajados en sí. No puede ser que a estas alturas hasta en tres encuentros se haya repetido el mismo resultado: Castellón, Cartagena y Girona nos han endosado cuatro tantos, pero para mí lo peor es que son equipos que deberían estar a nuestro nivel. Es decir, rivales contra los que se puede perder, pero no por esa abrumadora diferencia. Un marcador tan abultado sólo consigue crear incertidumbre e inquietud en los jugadores, el cuerpo técnico, la directiva y la afición de una manera innecesaria.
Para mí, es en estos momentos cuando se calibra si un entrenador es bueno de verdad, cuando nada sale como se quiere y todo va en contra del equipo. Cuanto todo va de cara cualquiera está a la altura, pero es en estas situaciones en las que sólo los profesionales competentes consiguen lidiar con la presión y obtener resultados satisfactorios. Escribo esto por todos los comentarios que han surgido a raíz de la derrota en Girona acerca de la continuidad del técnico, pues creo que Gracia es un entrenador competente y capaz de remontar esta mala racha si consigue corregir los mayores errores del equipo.

Para lograr la tan ansiada permanencia al final de temporada es necesario cumplir dos premisas: derrotar a los rivales antes mencionados y hacerse fuertes en Carranza. Evitar que los puntos vuelen de nuestro estadio es vital para nuestros intereses, puesto que es allí donde los aficionados más se hacen sentir desde la grada e insuflan ánimo en los momentos en los que el equipo pueda flaquear. En todos los partidos hay que vender caro el pellejo, pero en los de casa más. Puntuar fuera sirve de poco si en tu terreno los rivales consiguen sacar petróleo. Por tanto, a partir de esta jornada, el Cádiz debe evitar ser como el buen padre, que pierde en casa lo que gana fuera, y hacer de Carranza un fortín.

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martes, 17 de noviembre de 2009

No pasar apuros

Vaya por delante mi plena confianza en Xabi Gracia, puesto que después del trabajo que ha hecho en el Cádiz desde que firmó como entrenador en el Verano de 2008 tiene todo el crédito del mundo. Pero, a pesar de ello, creo que desde que comenzó la nueva andadura del equipo en el fútbol profesional, el técnico se ha equivocado en hechos importantes que le han costado puntos en la clasificación. Después del ascenso, el objetivo de cara a este curso era la permanencia en la categoría para cimentar poco a poco un proyecto serio con el que hubiera posibilidades de ascenso, a ser posible en este caso, despojándonos de la incómoda etiqueta de “equipo ascensor”. Así pues, la idea era disfrutar de la categoría, aprender de los equipos de mayor nivel y, con más o menos sufrimiento, seguir en Segunda. Que conste que no pretendo ser alarmista, pues estoy convencido de que calidad sobra como para lograr la permanencia, pero viendo cómo está la competición, se va a sufrir más de lo que en inicio se debería para conseguirlo.

Desde la derrota en el Rico Pérez de Alicante llevo preocupado por la marcha del equipo, a pesar de que después de ese encuentro liguero se consiguieron tres victorias (Recreativo, Albacete y Real Unión) y dos meritorios empates ante equipos que, al final de temporada, y si no pasan cosas raras, estarán inmersos en la lucha por ascender. La pasada jornada en la Ciudad Deportiva del Villarreal se vio lo que se lleva viendo desde el comienzo de Liga: un Cádiz sin apenas recursos y que se está acostumbrando peligrosamente a ir a remolque en el marcador. De acuerdo que este último choque estuvo condicionado por la expulsión de Kiko Casilla y que, a raíz de ella, el equipo se vio muy lastrado en el segundo tiempo, pero también hay que tener en cuenta que antes de ese incidente el rival ya se había adelantado en el marcador y estaba siendo muy superior.

Es cierto que, en última instancia, los responsables del éxito o los tropiezos del equipo son los futbolistas, que son quienes salen al terreno de juego, pero también es cierto que, una de las funciones del entrenador es la de estipular unas pautas para que sus jugadores den un rendimiento concreto. Quisiera que el aficionado cadista que lea estas líneas se olvide de factores externos, como arbitrajes de ínfima calidad que puedan condicionar partidos por tratarse de algo ajeno a nosotros, y se centrara en lo que de verdad está en nuestras manos: los futbolistas y el cuerpo técnico. La idea inicial de Gracia era la de mantener una línea de juego similar a la del año anterior, con una posesión constante del balón para dominar al contrario. Una idea que era de mi agrado y que ha chocado frontalmente con dos obstáculos: tener la posesión del balón por el mero hecho de tenerla y sin saber qué hacer con ella acaba resultando improductivo y que este año los rivales son de mayor entidad que en la temporada pasada, sin dejarse controlar y saliendo desde el pitido inicial a morder.

Se creía que el principal problema con ese modelo de juego era la ausencia de un rematador, pero ahora que Ogbeche se ha erigido en la principal referencia ofensiva, el equipo sigue adoleciendo de los mismos problemas de siempre. ¿Qué es lo que falla entonces? Este equipo, desde mi punto de vista, gira en torno a tres ejes principales: Jon Erice, López Silva y Ogbeche, lo que ha originado un Cádiz previsible, al que los rivales tienen estudiado y controlado, porque más allá de eso (y de la banda derecha, de la que no hablo por haber sido la principal vía de ataque desde hace dos temporadas y ser, por tanto, sobradamente conocida por todo el mundo) no hay recursos para sacar adelante un compromiso medianamente complejo.

Los rivales saben que Jon Erice es quien distribuye y reparte el juego, por lo que presionándole al Cádiz lo único que le queda como recurso creativo es el desplazamiento en largo del balón. Lo mismo sucede con López Silva, único jugador que incide en banda con peligro, al que en Villarreal le pusieron hasta tres defensores encima para evitar sus internadas. Además, el extremo onubense apenas se ve secundado por Cifuentes en tareas ofensivas, por lo que los zagueros rivales lo tienen más fácil aún si cabe para tener maniatado al Cádiz. Ogbeche, finalmente, es un futbolista que cuerpea muy bien, lucha con los defensas y en la mayoría de balones por alto sale vencedor, consiguiendo bajar al césped el esférico, pero su problema es que está muy solo. No tiene apoyos de un media punta que recoja el balón una vez lo haya bajado de las nubes y genere peligro en segunda instancia.

Eso y la fragilidad defensiva, son a mi juicio los mayores problemas que padece en lo que va de año el Cádiz. Los defensas (y en general partiendo desde medio campo) son excesivamente blandos a la hora de frenar a los rivales, y eso se acaba pagando (los dos goles en contra en Vallecas se pudieron haber evitado de hacer una falta táctica en el medio campo, e incluso el segundo ante el filial del Villarreal de haber tenido mayor contundencia en defensa) Quizás, los problemas en la zaga se deban a que Gracia aún no ha rotado, pues a excepción de Cifuentes, que ha dejado que en algunos encuentros actuara Raúl López, el resto de integrantes de la defensa han disputado por completo los doce partidos que de momento se llevan jugados.

Creo que, de rotarse más, se conseguiría mayor frescura y quizás, en algunos partidos hubiera habido otros resultados más favorables para nuestros intereses. Por ejemplo, sigo sin comprender por qué un hombre que vino con la vitola de crack como Diego Tristán cuenta tan poco para Gracia, a pesar de que Ogbeche esté en un estado impresionante de cara a puerta. De rotarse más y de cambiar de idea futbolística, a lo mejor no pasaríamos tantos apuros.

En cualquier caso, la permanencia pasa por marcar diferencias contra los rivales directos desde el principio, por lo que no se pueden permitir más tropiezos comos los de Castellón o la semana pasada. Esta semana, primer choque decisivo contra el Girona…

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sábado, 14 de noviembre de 2009

Peor Imposible

Un muy mal Cádiz que jugó toda la segunda parte con un hombre menos por la expulsión de Casilla no fue capaz de doblegar a un Villarreal B muy serio y que logra así alejarse un poco de la zona de peligro.

La duodécima jornada de la Liga Adelante enfrentaba a dos equipos muy parejos en la clasificación, pues sólo un punto los separaba en la clasificación, si bien el Villarreal B tenía un partido menos por tener aún pendiente su duelo contra el Betis. El duelo de “submarinos amarillos”, como lo habían calificado los medios de comunicación antes de su disputa, era importantísimo para ambos, puesto que una victoria podía alejarlos de la zona de descenso y hacerles olvidar los últimos resultados. Debido a los compromisos con las categorías inferiores de las selecciones, el equipo local se vio bastante mermado, llegando a convocar al juvenil Nico para el encuentro. En la convocatoria del Cádiz, destacaba la presencia de Mansilla y de Joseba Arriaga.

El once que Xabi Gracia presentó en la Ciudad Deportiva del Villarreal estuvo integrado por Kiko Casilla en la portería, con Dani Fragoso y Álvaro Silva en el centro de la zaga, acompañados por Cristian y Cifuentes en los laterales. En el medio campo jugaron Erice, Víctor, Enrique y López Silva, estando Abraham en la posición de enganche y Ogbeche como futbolista más adelantado.

El encuentro comenzó con dos ocasiones de peligro para ambos equipos, siendo la primera de ellas para los locales, siendo Marco Rubén el que puso a prueba los reflejos de Kiko Casilla. Después, le llegó el turno al Cádiz, puesto que Víctor Ormazábal, tras robar el esférico en el medio del campo, pasó en largo a López Silva, que habilitó a Enrique Ortiz dentro del área para que el extremeño lanzara un centro-chut que se marchó por muy poco lejos de la portería defendida por Juan Carlos. Fueron unos instantes iniciales en los que apenas ocurrió nada y en los que los pupilos de Gracia gozaron de la mayor parte de la posesión del balón, que movieron con calma y buen criterio, buscando a un muy activo López Silva por la banda.

A partir del minuto veinte de juego el Villarreal B logró sacudirse el dominio del Cádiz y comenzó a llegar a los dominios de Casilla. El primero en probar al guardameta cadista fue el lateral zurdo Oriol, quien tras progresar muy bien por su banda consiguió llegar al borde del área y, tras recortar a su defensor, disparó con fuerza, evitando el gol Casilla por muy poco. Después, Marco Rubén y Matilla gozaron, en una misma jugada, de dos buenas ocasiones para marcar el primer gol del encuentro. Pero fue finalmente Cristóbal quien lograra abrir la lata merced a un golazo, después de regatear en el área a Álvaro Silva y chutar a puerta sin miramientos, colándose el balón por la escuadra de Casilla, que nada pudo hacer para evitar que el tanto subiera al marcador.

El Cádiz acusó el golpe y no fue hasta la media hora de juego cuando intentó volver a cercar al filial castellonense para sofocar sus ataques y volver a tener el dominio del encuentro. Así, Enrique en un lanzamiento de falta directo probó a Juan Carlos, que interceptó la pelota en dos tiempos. Después, López Silva se internó en el área tras recibir un buen pase de Abraham, pero su pase fue despejado en el último momento por Mario cuando dos compañeros estaban en buena situación para el remate. El Villarreal B no se amilanó y en un corner estuvo a punto de lograr un gol olímpico, evitado por Casilla cuando el balón estaba cerca de entrar en la portería.

Uno menos

Pero lo peor estaba aún por llegar, puesto que en el minuto cuarenta y cuatro de juego, al borde del descanso, el colegiado catalán Miranda Torres decidió expulsar a Kiko Casilla después de que este derribara fuera del área a Marco Rubén, cuando el delantero argentino se marchaba solo hacia la portería. Esto propició el debut en partido oficial del guardameta checo Bobby Zlamal, que ingresó en el terreno de juego del Mini Stadi por Abraham. Con esta expulsión acabó el primer tiempo, que dejaba ante sí una segunda parte muy difícil para los intereses cajistas, pues tenían que remontar un marcador adverso con un futbolista menos.

Tras la reanudación Gracia decidió realizar el segundo cambio del partido, sustituyendo a Enrique por Nano González. Este cambio propició que el onubense López Silva se cambiara a la banda derecha para que el ex del Cartagena jugara por la izquierda. A pesar de este cambio, la ausencia de un futbolista acabó pesando más y el segundo acto empezó como había acabado el primero: con un Villarreal B volcado en ataque, controlando la situación y con un Cádiz inoperante y sin capacidad de reacción. Al Villarreal B le salía absolutamente todo lo que intentaba: logró mermar al Cádiz presionando constantemente las líneas de creación de su rival, combinaba con rapidez y desplazaba balones largos con acierto.

Gerard se erigió en el futbolista local más destacado, puesto que mareó a Cifuentes y sus internadas por banda acabaron generando muchísimo peligro, como un pase de la muerte que inexplicablemente no supo aprovechar Marco Rubén, que envió el balón a las nubes. Otra jugada de Gerard aprovechando un barullo en el área no fue gol gracias a un providencial corte de Víctor Ormazábal. El encuentro estaba más para el segundo tanto de los locales que para un empate cadista, y esto se acabó convirtiendo en realidad en una contra magistral del Villarreal B. Gerard, después del robo de balón en el centro del campo, acabó llevándose el balón y tras irse de Álvaro Silva, se la cedió a Marco Rubén, quien controló y, en vez de disparar, optó por pasar a la izquierda, donde le esperaba completamente solo Matilla, quien batió plácidamente a Zlamal.

El Cádiz se hundió y se dejó llevar por completo por el filial del Villarreal, que hizo gala de la fama que tenía de tratar bien el cuero. Los de Gracia no existieron en ningún momento de este segundo tiempo, totalmente desdibujados y siendo un pelele en manos del cuadro local. En el minuto noventa Nano González estuvo a punto de lograr el gol de la honra, pero Juan Carlos lo evitó.

El resultado final, 2-0, hizo justicia a lo visto en el terreno de juego y, a parte de acercar al Cádiz a los puestos de descenso, haciendo que la próxima salida a Girona sea vital, debe preocupar bastante al aficionado. No se pueden tener tan pocos recursos ante un equipo filial.

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