domingo, 28 de marzo de 2010

Cuando el desplazamiento es una odisea

Suerte. Esa era la palabra más repetida por los jugadores del Cádiz al finalizar el partido en el Stadium Gal de Irún. El estadio irundarra, de grato recuerdo para el aficionado por ser allí donde el equipo logró el ascenso a Segunda División la pasada campaña fue, durante noventa minutos, un auténtico infierno. El equipo local salió a comerse a su rival, poniendo cerco a la portería de Casilla y dominando, gracias a su poderío físico, el centro del campo. El equipo pudo haber encajado cuatro goles perfectamente, pero, al contrario que en otros partidos, consiguió mantener su portería a cero. Así que, si tenemos en cuenta eso, los jugadores hacen bien en referirse a la suerte como su gran aliada.

Porque, quitando a la suerte, el Cádiz no tuvo ningún aliado en el partido. El ambiente le era muy adverso, el rival, también. Iñaki Alonso, técnico del Real Unión, dijo que su equipo tenía ganas de vencer al Cádiz, después de la eliminatoria de ascenso de la pasada temporada en la que su equipo acabó derrotado. Y se notó. Pero, sobre todo, el Cádiz no pudo contar consigo mismo en el Stadium Gal. Viendo el partido, parecía mentira que ambas escuadras se jugaran la vida. Parecía que sólo el Real Unión tenía la imperiosa necesidad de llevarse el gato al agua, de conseguir los tres puntos. Pero no era así: también el Cádiz necesitaba ganar, pero fue incapaz de poner en aprietos a un inseguro Otermin (hasta tres salidas en falso realizó el guardameta vasco, que no generaron mayor peligro por que el Cádiz no tuvo su día en ataque) y se limitó a defenderse como pudo de las acometidas de su rival. El conjunto de Espárrago no pudo contrarrestar el juego de su rival, y sólo pudo atacar tímidamente al final de cada período, cuando los jugadores del Real Unión estaban cansados por el esfuerzo realizado.

Al Cádiz le quemaba el balón y no fue capaz de generar demasiadas ocasiones de ataque. En una de ellas, Tristán, antes de ser sustituido, pudo haber marcado un gol tan necesario como injusto a la vista de cómo se había desarrollado todo, pero el delantero sevillano envió el balón fuera ante la salida de Otermin. El resto de disparos corrieron a cargo de Nano González y fueron producto de la impaciencia: el malagueño estaba solo, sin apoyos, con todos sus compañeros a su espalda y la única alternativa que le quedaba era disparar a portería, más por soltar el balón que por intentar marcar. El resultado, desastroso: ninguno fue entre los tres palos e, incluso, en una ocasión el balón fue tan desviado que acabó por marcharse fuera del estadio. Cuando se ataca así, sin convicción, tirando a portería (o intentándolo) por cumplir o para deshacerte del balón, es que algo no va bien.

El equipo estuvo roto en ataque: por ello mismo Nano González estaba solo de manera sistemática y carente de apoyos para combinar. Quitando el inicio del partido, el final del primer tiempo y el final del segundo, el Cádiz no hilvanó ninguna jugada interesante, limitándose a dar pelotazos desde la zaga para apagar fuegos: un juego que no funciona con un hombre de las características de Tristán. El Cádiz estuvo fundido físicamente y totalmente a merced del rival, que no consiguió marcar por estar peleado con el gol, por Casilla y por la defensa, mucho más seria y segura desde la llegada al once titular de De la Cuesta y de Fleurquin.

En rueda de prensa posterior al partido, Víctor Espárrago asumía la culpa de lo sucedido en el Stadium Gal. “Cuando el nivel del equipo es bajo, el responsable de todo esto es el entrenador”, declaró el técnico uruguayo. Pero, ¿y si la culpa no la tuviera él, ni el equipo? El Cádiz acusó un cansancio desmedido desde el inicio de partido, en el que le cedió por completo el control al Real Unión, y no porque su rival fuera infinitamente superior (pues tiene un nivel similar al del equipo cadista, ya que de lo contrario no estaría en puestos de descenso) sino porque estaba excesivamente cansado. En todo partido hay un equipo que lleva la voz cantante y domina, pero existen fases de quince o veinte minutos en los que el equipo que ha ido a contracorriente pasa a tener el control del partido. El Cádiz no controló ni un solo minuto del partido: estaba excesivamente cansado. Un cansancio que explica por qué todo el equipo se parapetó atrás y achicaba agua como podía. Un cansancio que explica por qué el Cádiz no hiló ni una sola jugada de peligro desde el medio campo. Un cansancio que explica por qué Nano González estaba solo arriba y se veía obligado a disparar por cumplir. Un cansancio que pudo deberse al desplazamiento elegido para ir a Irún.

Fue un desplazamiento que no era nada habitual y que sorprendió a todo el mundo. El Cádiz decidió ir a la ciudad vasca en tren, haciendo escala en Madrid. Partió para la capital de España el jueves en un tren Alvia. Tras pasar noche en Madrid, el viernes por la mañana la expedición cadista puso rumbó a Irún en otro tren. Una locura de viaje que pudo ser la causante del cansancio del equipo. Desde el club debería de mirarse estas cosas mejor antes de planificarlas, pues pueden condicionar partidos.

Sea por el viaje o no, el caso es que el Cádiz llegó muerto al Stadium Gal y que sólo gracias a la suerte salió vivo de un infierno en el que lo más normal era que saliera goleado. Un punto que dejó la buena noticia de que el Cádiz fue capaz de mantener a cero su portería, algo que no conseguía desde el estreno de Víctor Espárrago contra el Huesca. Ahora, toca el Castellón.

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sábado, 27 de marzo de 2010

Casilla sigue imbatido en Irún y gana la arroba del Gal

En un partido en el que destacó la faceta defensiva del equipo, con un gran trabajo de los centrales, Raúl López en el lateral zurdo (Cifuentes estuvo bastante intranquilo en todo el partido) y Fleurquin en el centro del campo, quisiera destacar la labor del guardameta Kiko Casilla ante el Real Unión. En un partido que fue un auténtico infierno para los cadistas, el cancerbero catalán fue capaz de mantener su portería a cero ocho jornadas después. Y eso que los atacantes locales no se lo pusieron fácil.

Gorka Brit fue una auténtica pesadilla: se incrustaba entre los centrales, peleaba los balones en largo, generaba segundas ocasiones para sus compañeros y disparaba. El ex delantero de Osasuna y Numancia disparó desde cerca y desde lejos, y siempre se encontró a Casilla. También lo intentó Abasolo, pero su disparo tras recoger el centro de Aitor Sanz lo mandó a saque de esquina magistralmente Casilla.

Y cuando no las paraba él, contó con la inestimable ayuda de los postes. Hasta en dos ocasiones Gorka Brit vio como sus lanzamientos a portería se encontraban con la madera de la portería de Casilla, cuando toda la grada e incluso él mismo cantaban gol. En definitiva, un gran partido del portero cadista, que suma su sexto cero esta campaña.

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viernes, 26 de marzo de 2010

El Cádiz sale vivo del infierno de Irún

El equipo de Víctor Espárrago salda su visita al Stadium Gal con un punto que sabe a gloria debido a cómo discurrió el encuentro y consigue mantener su portería a cero ocho jornadas después.

El Cádiz regresaba al Stadium Gal para enfrentarse al Real Unión de Irún, en un duelo crucial e importante para ambas escuadras. Los dos equipos buscaban la victoria, pues una derrota acabaría condenándolos casi irremediablemente al descenso a la Segunda División B, aquella que abandonaron la pasada campaña merecidamente. Este trascendental partido estuvo arbitrado por el valenciano Lizondo Cortés.

Víctor Espárrago contaba con las bajas de Toedtli, por acumulación de amonestaciones y de Enrique Ortiz, lesionado la víspera del partido. Así, el equipo titular dispuesto por el técnico uruguayo estuvo compuesto por Kiko Casilla en la portería, De la Cuesta y Fragoso en el centro de la zaga, con Cifuentes y Raúl López en los laterales, doble pivote con Erice y Fleurquin, en las bandas Ramis y Nano González, actuando como enganche Abraham y en la punta de ataque, Diego Tristán. Sorprendía la salida de López Silva del equipo titular a favor del uruguayo Ramis.

En los primeros compases del partido el Cádiz intentaba jugar tocando, cambiando el balón de banda a banda, mientras que los irundarras desplegaron de inicio todo su poderío físico, buscando el contacto con el rival y con un estilo de juego más directo. Así, poco a poco el equipo local fue haciéndose con el control del juego y encerró al Cádiz en su campo.

Abasolo, después de combinar por banda con Gurrutxaga, trató de meter un buen balón en el área entre los centrales buscando a Brit, pero De la Cuesta cortó el esférico. En la jugada siguiente, en un centro de Aitor Sanz por banda al segundo palo, Abasolo estuvo cerca de batir a Casilla, que consiguió despejar el balón a saque de esquina. El Cádiz, un poco aletargado, intentó sorprender al cancerbero local con un disparo lejano de Nano González, que se marchó muy desviado de la portería.

El Real Unión buscaba de manera constante a Gorka Brit, ya fuera mediante desplazamiento en largo del balón o en jugada en corto. Sobre todo, mediante desplazamiento en largo del balón, donde De la Cuesta se mostró inconmensurable, despejando cualquier acción de peligro de las inmediaciones del área cadista.

Dominio local

Con el paso de los minutos todo seguía igual en el Stadium Gal: un monólogo del Real Unión. En un saque de esquina a favor del Real Unión, Kiko Casilla estuvo a punto de propiciar el gol del Real Unión, tras equivocarse a la hora de organizar un contragolpe. Su envío fue cortado por un jugador irundarra, que le puso un balón franco en el área a Eneko Romo, que solo ante Casilla fue incapaz de definir gracias a la intervención de Raúl López, que imposibilitó el disparo del jugador local.

Las llegadas al área cadista por parte del Real Unión fueron constantes, dando el Cádiz una sensación bastante grande de intranquilidad, siendo incapaz de combinar y de crear cualquier acción que inquietara mínimamente a Otermin. Brit no paraba de inquietar a Casilla, llegando a disparar desde fuera del área con mucha fuerza, obteniendo una buena réplica por parte del portero cadista, que consiguió despejar el balón a corner. En ese saque de esquina el Real Unión estuvo otra vez cerca del gol, pero el remate de Eneko Romo se fue fuera. El Cádiz perdía balones en el medio del campo sin cesar y se los regalaba a un Real Unión que llevaba siete saques de esquina en apenas veintisiete minutos.

La mejor ocasión cadista fue en un libre directo lejano que sacó con fuerza Nano González y que Otermin despejó con los puños. El Real Unión siguió dominando y la grada del Stadium Gal llegó a protestar pidiendo penalti a favor de su equipo tras un forcejeo entre Brit y De la Cuesta dentro del área. Al borde del descanso, cuando las fuerzas empezaron a flaquearle al conjunto local, el Cádiz pudo disfrutar de posesiones más largas de balón, volcando el juego en la banda izquierda, donde Nano González intentaba desbordar. Después de un minuto de descuento, en el que el Cádiz gozó de un par de buenas llegadas al área de Otermin, Lizondo Cortés decretó el final del primer tiempo, en el que el Cádiz había conseguido sobrevivir.

Segundo tiempo infernal

El Real Unión pareció volver de los vestuarios algo más calmado, lo que propició que el Cádiz entrara más en contacto con el balón y que llegara a tocar más en el círculo central. Iñaki Alonso decidió refrescar a su equipo, sacando a Iñaki Goikoetxea, desaparecido en todo el encuentro, para introducir a Juan Domínguez. El Cádiz, si bien no llegaba a tocar inquietando a su rival, había dejado de pasar los apuros del primer tiempo. Poco después se realizó el segundo cambio en el Real Unión, entrando Quero por Sergio Francisco. En la siguiente jugada, tras una jugada de toque entre Ramis y Cifuentes, Nano González disparó desde lejos, pero el lanzamiento se marchó fuera del estadio. Sin embargo, el peligro corría a cargo del Real Unión: primero, Brit disparó al poste dentro del área tras una buena jugada de Abasolo y, después, Juan Domínguez, tras recoger el rechace del disparo de Brit, cruzó demasiado el balón y su lanzamiento se fue fuera.

Víctor Espárrago movió ficha: metió al nigeriano Ogbeche, consciente de que tenía que ir a por el partido. El sustituido fue Jonathan Ramis. Así, el Cádiz jugaba con dos atacantes: Ogbeche y Tristán. El Cádiz, que seguía sufriendo cuando no tenía el balón (después de una dejada de Brit, Abasolo, de jugada personal, estuvo cerca de marcar gol) empezaba a combinar con cierto criterio cuando disponía de la posesión. El Real Unión seguía a lo suyo: fútbol directo y controlando el juego y, después de disponer de tres saques de esquina, Brit volvió a estampar un balón en el poste tras disparar a bocajarro dentro del área. Espárrago, después de que Quero volviera a asustar al Cádiz, sustituyó a De la Cuesta por Álvaro Silva.

Sin duda, la mejor oportunidad amarilla llegó tras un contragolpe por banda izquierda en el que Nano González pudo ensayar un buen centro que Tristán remató mal de cabeza, cuando tenía la portería para él. El de La Algaba sería sustituido por el argentino Víctor Ormazábal al poco de marrar ese remate de cabeza.

Así, con el Real Unión volcado y el Cádiz defendiéndose como gato panza arriba murió el partido, en el que el equipo de Víctor Espárrago consiguió un punto que, si bien no sirve de mucho para recortar distancias con el Murcia, sabe a gloria en vistas a cómo se desarrolló el partido. Un partido de pleno dominio irundarra, en el que el Cádiz disparó tres veces a la portería de Otermin y que consiguió mantener su portería a cero ocho jornadas después.

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lunes, 22 de marzo de 2010

Se sabrá en Irún

Pasadas veinticuatro horas del partido contra el Rayo Vallecano, la gran pregunta es: ¿fue el punto cosechado bueno o malo? Las sensaciones al término del encuentro fueron bastante malas, dejando un amargo sabor de boca en una afición que vio cómo el equipo pudo doblegar al rival pero que al final, fue incapaz de hacerlo. Fue la historia que tantas veces se ha visto repetida esta temporada y ante la que parece que todo el mundo empieza a resignarse.

El partido siguió el guión de tantos otros esta temporada, en la que el Cádiz volvió a hacer gala de su trastorno bipolar, después de hacer un estupendo trabajo en el primer tiempo que echó por tierra en el segundo período. En honor a la verdad, el primer tiempo del Cádiz fue magnífico, no llegando a ser sublime por las claras ocasiones marradas tras el gol. Los cambios ideados por Víctor Espárrago en el once inicial surtieron efecto: se ganó solidez defensiva y el equipo rindió a un gran nivel en los primeros cuarenta y cinco minutos. El Rayo Vallecano apenas inquietó, en gran medida gracias al buen hacer de Andrés Fleurquin, que evitó que el rival hilvanara jugadas. Con Fleurquin se frenó la sangría de balones perdidos y de fáciles concesiones al rival en el medio del campo. El uruguayo se vio secundado y bien cubierto en la retaguardia por la pareja de centrales De la Cuesta-Fragoso, que estuvieron muy serios, atentos y cumplidores durante todo el partido. En esta ocasión, la pérdida de dos puntos no es achacable a la zaga.

Ofensivamente, el equipo también rindió a un gran nivel, con un López Silva muy activo por la banda izquierda. El onubense se reencontró con la titularidad jugando pegado a la línea de cal e inquietando a los defensores rayistas. Fue precisamente tras un centro por la izquierda del ex del Orihuela cuando llegó el gol de Abraham y con él, la apoteosis a Carranza. Un Abraham, por cierto, que cada vez está más integrado en el equipo y que en esta ocasión, al contrario de lo ocurrido en Cartagena, no desapareció tras marcar. Con el gol el equipo, espoleado por la afición, intentó marcar el segundo que diera la tranquilidad definitiva. Todo parecía propicio para ello, pues el Rayo Vallecano cedió, bajó los brazos y mantuvo una actitud totalmente inoperante.

El único que salvó los muebles del equipo y que estuvo verdaderamente sobresaliente fue el guardameta Dani, que estuvo providencial tras salvar dos claras ocasiones de gol de Enrique y López Silva. Como antes decía, todo era propicio para los intereses del Cádiz: el equipo mantenía una solidez defensiva importante, tenía controlado al Rayo, estaba volcado en ataque, la afición respaldaba a sus jugadores… Todo era propicio, menos la suerte, una vez más esquiva y que permitió que el rival se fuera con vida al descanso.

Tras el descanso, y sin saber muy bien cómo ni por qué, el equipo sufre una terrible metamorfosis. De ser un equipo con iniciativa, pasa a tener una actitud completamente pasiva. De ser un equipo llegador, pasa a ser un equipo encerrado atrás. De ser un equipo con la posesión del esférico, pasa a regalársela a su contrincante. Esta esquizofrenia del Cádiz es muy peligrosa y ha propiciado que se pierdan demasiados puntos esta campaña.

El Rayo Vallecano, que estaba muerto y seguía vivo gracias a las intervenciones de su cancerbero, resucitó en el segundo tiempo. Y esta resurrección, como tantas veces se ha visto en lo que llevamos de competición, vino en gran parte propiciada por el Cádiz, que permitió que su rival resucitara. Entiendo que es imposible dominar por completo un partido y que el rival, por muy bueno que seas, acabará dominándote durante diez, quince o veinte minutos. Pero lo del Cádiz es muy extraño, porque al primer indicio de reacción rival agacha la cabeza y se deja llevar.

No sé a qué se debe, si es un asunto mental o físico (en este caso la explicación radica en que es necesario tener a dos hombres por puesto y el Cádiz, desgraciadamente tiene una plantilla bastante corta), pero la gasolina al Cádiz le dura cuarenta y cinco minutos. Ni uno más, ni uno menos. Eso, unido a la falta de acierto de cara a gol, explica por qué el equipo está tan abajo en la clasificación sin merecerlo realmente. Lo cierto es que tras la reanudación el Rayo Vallecano dominó de cabo a rabo la situación, y el dominio rival se acrecentó después de la sustitución de Fleurquin. Fue irse el uruguayo y todo el trabajo en el centro del campo del Cádiz se derrumbó como un castillo de naipes. El control en la zona media pasó a las manos de Movilla, inconmensurable, haciendo el trabajo sucio y ordenando a su equipo. El gol del empate era sólo cuestión de tiempo.

A pesar de que ese gol llevaba tiempo rumiándose, la zaga aguantó bien y el Rayo acabó empatando después de un libre directo de Albácar. El gol recibido terminó de hundir al Cádiz y los amarillos le cedieron el balón a los vallecanos, que a pesar de tenerlo todo a su favor, fueron incapaces de volver a batir a Casilla, lo que deja muy claro el buen hacer de los centrales en todo el partido. Para mí, una de las claves del partido fueron los cambios. Espárrago se equivocó al introducir a Ogbeche y a Tristán, dejando en el banquillo a Cristian. El partido necesitaba jugadores con movilidad, que pudieran sorprender y Tristán, desgraciadamente, ya no está para eso.

Tristán necesita jugar en una posición fija, que le obligue a moverse poco y a quedarse cerca del área, donde realmente puede ser letal. Me sorprendió, con el bajón del equipo en este segundo tiempo, que Cristian no compareciera en el partido. Hubiera sido una alternativa más a nivel ofensivo, llegando desde atrás y sorprendiendo a los defensores del Rayo.

De este partido, extraigo la siguiente lectura: el Cádiz hace bien encomendándose a los veteranos. Fleurquin, Raúl López o De la Cuesta van a desempeñar un papel fundamental de aquí a final de temporada. Su experiencia es vital para manejar este tipo de situaciones. También va a ser fundamental el concurso de Bartholomew Ogbeche (y en Irún, después de que se haya confirmado la ausencia de Toedtli, tendrá una oportunidad fantástica para asentarse en el equipo titular) El nigeriano aporta cosas que ningún otro delantero del equipo es capaz de dar. Tiene gol, lucha bien con los defensas y crea espacios para sus compañeros.

La situación, al término de la jornada y en cuanto a la clasificación se refiere, es la misma que antes: el Cádiz está a cinco puntos del Murcia, con el que no pudo recortar distancia después del empate de los pimentoneros con el Hércules. Así pues, ¿fue bueno o fue malo el punto? Eso es algo que no podremos saber hasta que se juegue el partido contra el Real Unión. Va a ser un partido difícil, en el que ambos equipos se jugarán su futuro, o cuanto menos, luchar por la salvación hasta el final. Si el Cádiz obtiene los tres puntos en el estadio irundarra, hará bueno el empate contra el Rayo.

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domingo, 21 de marzo de 2010

El segundo tiempo condena al Cádiz

El Cádiz, que empezó dominando y que falló dos claras ocasiones en el primer tiempo, desapareció en la segunda mitad y permitió que el Rayo Vallecano sacara un punto de Carranza.

Un duelo de urgencias se vivía en Carranza. El Cádiz tenía ante sí la urgencia de vencer, dados los resultados de sus rivales por evitar el descenso, si no quería descolgarse definitivamente. Para el Rayo Vallecano conseguir los tres puntos también era urgente y necesario, ya que una derrota comprometía su situación en la clasificación, acercándolo peligrosamente al descenso. Era un partido entre dos clubes hermanados que debían vencer para seguir con vida.

Víctor Espárrago, que por una vez pudo trabajar a lo largo de la semana con la gran inmensa mayoría de la plantilla, revolucionó el once inicial y la convocatoria. Tanto Ogbeche, que había superado su lesión aquella misma semana, como el checo Zlámal retornaron a la lista, en detrimento de Milos Bogunovic y de Dani Miguélez. Además, el técnico uruguayo incluyó en el equipo titular a De la Cuesta, Fleurquin y López Silva. Así, el once que jugó contra el Rayo Vallecano estuvo compuesto por Kiko Casilla en la portería, Cifuentes en el lateral diestro, pareja de centrales compuesta por De la Cuesta y Fragoso, Raúl López en el lateral izquierdo, doble pivote formado por Erice y Fleurquin, Enrique y López Silva en las bandas, Abraham de enganche y Toedtli en la punta del ataque. El árbitro de la contienda fue el asturiano Piñeiro Crespo.

El Cádiz empezó con menor empuje que en partidos anteriores, intentando dormir el partido, jugando la bola con tranquilidad, mientras el Rayo esperaba agazapado atrás a la espera de pillar desprevenido a su rival. El primer disparo a puerta del partido fue del equipo madrileño, tras un disparo de Piti que obtuvo una buena réplica por parte de Kiko Casilla. La presión rayista en el centro del campo se fue acrecentando, gracias a la labor de Movilla y de Míchel, muy activos en estos primeros minutos.

Abraham, marca otra vez

Después de unos minutos muy aburridos, de mucho toque y con los rivales respetándose demasiado, llegó el primer gol del Cádiz en una bonita jugada de ataque. El tanto nació de las botas de López Silva. Un centro del onubense por la banda izquierda le llegó a Enrique, que la puso en el punto de penalti para Toedtli, que en vez de rematar, se la dejó a Abraham, que llegando desde atrás batió por raso a Dani. 1-0 y Carranza era un clamor.

El Rayo parecía aletargado y el Cádiz, espoleado por su afición, disfrutaba arrinconando a su rival con largas jugadas de ataque protagonizadas por López Silva, Enrique y Abraham. Muy activo estuvo López Silva, que combinaba con Raúl López y con Abraham, inquietando constantemente a la zaga vallecana. El dominio cadista era tremendo y los jugadores llegaron a protestarle a Piñeiro Crespo un posible penalti sobre Enrique. En la jugada siguiente, después de que Erice cortara un contragolpe del Rayo Vallecano, Enrique estuvo a punto de batir a Dani después de recibir un buen pase de Abraham, pero el cancerbero rayista, cuando estaba prácticamente batido, despejó el balón a corner con la pierna.

La realidad era que el Rayo le había entregado la pelota al Cádiz, que acosaba a su rival en busca del segundo gol, que terminara de matar el encuentro. Dani volvió a salvar a los suyos tras despejar un disparo de López Silva a bocajarro. El Cádiz estaba muy bien plantado en todas las líneas, evitando que el Rayo pudiera jugar a gusto, siendo el amo y señor del partido.

Tras la reanudación ninguno de los dos equipos registraron cambios con respecto a los jugadores que habían iniciado el partido. Cabe reseñar la amonestación recibida por Fleurquin nada más comenzar el segundo acto por una acción no merecedora de cartulina. El Rayo Vallecano pareció empezar menos frío, y Rubén Castro estuvo cerca de lograr la igualada después de que un disparo suyo se estampara en el poste de la portería de Casilla. Parecía que como le suele pasar al Cádiz en los segundos tiempos, el rival le había comido terreno, puesto que en estos primeros compases la gran inmensa mayoría del juego se desarrolló en el campo cadista, con unos Movilla, Albácar y Piti muy activos. El propio Piti volvió a avisar con un disparo desde fuera del área que paró Casilla. Poco a poco el Rayo ganaba posiciones.

Viendo que podrían expulsar a Fleurquin, Espárrago movió ficha e introdujo a Víctor Ormazábal por el uruguayo, que fue aplaudido por la grada de Carranza, que agradeció el esfuerzo del capitán. También Felipe Miñambres decidió refrescar a su equipo, tras meter a Jofre Mateu por Yuma. El Cádiz jugaba replegado, conteniendo las acometidas de su rival e intentando hacer bueno el gol de Abraham del primer tiempo, mientras en el Rayo cada vez Pachón entraba más en juego.

Tanto va el cántaro a la fuente…

En una de las acometidas del Rayo Vallecano Toedtli derribó a Pachón al borde del área y en esa falta llegó el empate visitante. Fue un golazo de Edu Albácar de libre directo, ante el que Kiko Casilla no pudo hacer nada. Ciertamente, ese gol se veía venir, visto el bajón del Cádiz desde el comienzo de la segunda parte y la ausencia de Fleurquin. Empezaba un nuevo partido.

Espárrago, ante el empate, decidió meter más mordiente en ataque, tras introducir a Diego Tristán por Toedtli y a Ogbeche por López Silva. Se trataba de meter dos delanteros en busca del segundo gol, que se había resistido en el primer tiempo. A pesar de estos cambios, el Rayo seguía dominando la bola y parecía que de llegar un nuevo gol, correría a cargo del equipo madrileño. Desde el banquillo Víctor Espárrago presenciaba el juego de su equipo con cierta desesperación.

El Rayo puso cerco a la portería de Casilla, que se mostraba especialmente dubitativo en cada balón por alto que le llegaba. El Cádiz, que atacaba sin demasiada convicción, falló una clara ocasión al borde del descuento, después de un remate de cabeza de Enrique tras un saque de esquina de Abraham. En estos últimos minutos se sucedieron las ocasiones para ambas escuadras, pues tanto Aganzo como Abraham estuvieron muy cerca de marcar, pero el marcador no se movió.

El resultado final, de empate, provocó el descontento de la afición. Fue un resultado justo a lo visto en el partido, en el que cada equipo dominó una mitad del encuentro. El Cádiz volvió a evidenciar sus carencias, que sólo tiene gasolina para cuarenta y cinco minutos y con este punto se coloca en la decimonovena posición, empatado a puntos con el Albacete y a cinco de la salvación.

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viernes, 19 de marzo de 2010

Semana movida

Partiendo de la base de que toda semana en puestos de descenso es complicada (y más en la situación que atraviesa el Cádiz, después de caer con estrépito en Cartagena) podríamos decir que esta semana ha sido especialmente movida para el equipo. Primeramente, ha sido una semana de especial complicación por el partido que el Cádiz deberá afrontar el domingo en Carranza, ante un Rayo Vallecano que no quiere meterse en una pelea por eludir el descenso.

Después, ha habido dos elementos que han hecho que esta semana no haya sido una semana cualquiera: los rumores acerca de la dimisión de Víctor Espárrago y el interés por parte del Pontevedra por fichar a Carlos Caballero. El rumor sobre Espárrago saltó tras el partido contra el Cartagena, en la que, y según Canal Sur, el técnico charrúa presentó su dimisión por considerarse engañado por el director deportivo de la entidad. El motivo de esta decisión había sido la ausencia de fichajes durante el mercado de Invierno. Rápidamente, Antonio Muñoz salió a la palestra para desmentir el rumor promulgado por la televisión pública andaluza, indicando que en ningún momento Espárrago pidió refuerzos para hacerse cargo del timón del submarino amarillo. El propio técnico mostró su indignación al ser preguntado sobre ello en rueda de prensa, calificando de “tontería poco seria” el rumor lanzado por Canal Sur.

El segundo hecho que se ha salido de la normalidad esta semana se ha debido a la posible marcha de Carlos Caballero (aunque también se había indicado desde algunos medios que Fran Cortés podría haberse ido) al Pontevedra. El equipo gallego, que actualmente ocupa la cuarta plaza del Grupo I de la Segunda División B, pretendía al centrocampista madrileño para suplir a Nevado, lesionado hasta final de temporada. La intención de los gallegos era obtener la cesión de Caballero hasta final de temporada, algo que el jugador, desprovisto de minutos desde la llegada de Víctor Espárrago al equipo, veía con buenos ojos. Con el visto bueno del futbolista, sólo quedaba que los clubes llegaran a un acuerdo, y ha sido ahí donde la operación se ha truncado.

De entrada, el período mínimo en el cual un futbolista puede estar cedido es de seis meses, por lo que Caballero debería de haber estado en las filas del equipo gallego hasta septiembre de este año (no pudiendo jugar antes de esa fecha con el Cádiz) Julio Peguero puso como única condición para que Caballero se marchara a Pontevedra que este equipo se hiciera cargo de la ficha íntegra del jugador los meses en los que estuviera bajo la disciplina del conjunto gallego. Al negarse el Pontevedra, a Caballero no le quedará otra que seguir en el Cádiz hasta final de temporada.

Han sido dos hechos fuera de lo común, que han distraído en parte la atención del partido de este fin de semana, que es lo verdaderamente importante. Son hechos, sobre todo el de Canal Sur, que para lo único que sirven es para apartar los focos de la realidad del equipo en un momento en el que todo el cadismo debe estar con sus cinco sentidos puestos en Carranza y en doblegar al Rayo Vallecano. Por cierto que, si lo visto en los ensayos previos al encuentro es cierto, habrá cambios en el once titular: saldrán Cristian, Álvaro Silva y Ramis en favor de Fleurquin, De la Cuesta y López Silva. Ojalá salga bien el cambio.

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martes, 16 de marzo de 2010

El Tourmalet

Creo que fue Miguel Ángel Lotina, entrenador del Deportivo de La Coruña, el que bautizó la pasada campaña como “Tourmalet” al bloque de partidos contra Barcelona, Sevilla y Real Madrid, que llegaban encadenados y provocaban un gran desgaste y una pérdida de puntos considerable a los equipos rivales. Podríamos referirnos en este caso como Tourmalet a las tres próximas jornadas que le esperan al Cádiz Club de Fútbol, puesto que le toca enfrentarse a Rayo Vallecano, Real Unión y Castellón.

Y no catalogo a estas tres jornadas como Tourmalet por que los rivales ocupen puestos destacados (ya que son equipos de la mitad baja de la clasificación) sino por su importancia y la extremada dureza de los contrarios. Van a ser partidos difíciles, trabados, con equipos que se juegan la vida y que deben demostrarlo para que no se les pase el tren de la permanencia. La situación del Cádiz es difícil, crítica: cinco puntos lo separan del trío formado por Murcia, Huesca y Celta (contra los que aún hay que jugar y que marcan el límite de la permanencia).

El resultado de estos encuentros dirimirá el futuro deportivo de la entidad. Si sale victorioso probablemente comprimirá el descenso y abandonara los puestos de peligro. Si no, la salvación será casi utópica. Digo esto último sin pesimismo, porque creo que el equipo saldrá airoso del Tourmalet, pero desde el realismo.

El equipo no se puede permitir más fallos defensivos. El equipo no puede dejarse llevar por el rival. El equipo no se puede permitir más altibajos en su juego. El equipo no puede permitirse más goles cantados. Ni tampoco, volver a caer contra el Castellón. Dos de los tres partidos se jugarán en Carranza, y es ese precisamente el mayor aliado que el Cádiz tendrá en estos cruciales enfrentamientos. El rival debe sentir la presión de la grada en el cogote, debe sentirse incómodo, sentir que no está en su territorio, sino en el del Cádiz. Y para que eso se produzca, el equipo debe responder antes.

La afición está muy crispada y está en todo su derecho. A lo largo de la temporada ha visto cómo goles seguros se estrellaban contra el poste, o se marchaban fuera de la portería rival. Ha visto cómo fallos de marcaje han provocado goles que nunca deberían haber sido. Ha visto, en definitiva, cómo el equipo, sin merecerlo, ha perdido partidos.

No me parece justo que se cargue contra la afición, o que se apele constantemente a ella, pidiendo unidad y firmeza. El aficionado es el primero que desea animar a su equipo, vibrar con él y darle alas, pero para ello, necesita alicientes. Si no los encuentra, es normal que se deprima, grite, descargue su rabia y abandone el estadio antes de tiempo. A poco que el equipo responda, la grada hará de Carranza una caldera.

Y eso es lo más importante: que el equipo responda. Que olvide sus inseguridades y sus lagunas defensivas. Que se muestre de una vez por todas sólido y que demuestre que se está jugando la vida, tanto o más que sus rivales.

Este fin de semana llega el Rayo Vallecano, a nada más que a seis puntitos de los hombres de Víctor Espárrago. Los vallecanos han pasado de ser firmes aspirantes al ascenso a mirar de reojo los puestos de descenso al infierno de Segunda B, al que no quieren volver. Su racha de resultados es nefasta (costándole la cabeza, en un alarde de impaciencia, a Pepe Mel) y en el entorno rayista hay ansiedad y preocupación a partes iguales. Precisamente de eso debería aprovecharse el Cádiz para doblegar a un rival al que una derrota comprometería enormemente.

Después tocará rendirle visita al Real Unión de Irún en el Stadium Gal, donde se certificó el ascenso a Segunda la pasada campaña. Este será el encuentro de mayor dificultad, por jugarse fuera de casa y porque la situación de los irundarras es aún peor que la del Cádiz. Y, para acabar, llegará a Carranza el Castellón: colista, para el que la salvación es casi una misión imposible, pero que, no olvidemos que en la primera vuelta goleó a los amarillos.

Unos compromisos difíciles esperan, en los que el Cádiz debe sumar en torno a cinco o siete puntos si quiere seguir con vida. La primera parada, este Domingo.

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domingo, 14 de marzo de 2010

Una arroba de falta

En un partido como el del viernes es complicado elegir qué futbolista de los alineados por Espárrago fue el mejor, puesto que la segunda parte fue calamitosa. El esfuerzo colectivo de la primera mitad se dilapidó en cuarenta y cinco minutos desastrosos, en los que el Cádiz estuvo a merced de su rival y en contadas ocasiones (una buena volea de Toedtli y un disparo con rosca de López Silva) inquietó al cancerbero cartagenero.

Quizás, si tuviera que decantarme por algún futbolista del Cádiz (puesto que del Cartagena cabe destacar el gran trabajo de Longás y Víctor) lo haría por Abraham, más que nada por su magistral lanzamiento de falta. El canterano del Barcelona, asentado en el once titular (en detrimento de Fran Cortés) desde que Espárrago tomó las riendas del equipo, adelantó a su equipo en el minuto siete de juego después de materializar un libre directo que habían cometido sobre él mismo. Su disparo, pasando por encima de la barrera del Cartagena, sorprendió a Rubén y acabó introduciéndose dentro de la portería.

Cierto es que después de ese gol Abraham desapareció por completo del partido y no se le volvió a ver más, a pesar de que jugó los noventa minutos de encuentro. Pero quizás por este detalle se diferenció del resto de sus compañeros, destacando más que ellos.

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sábado, 13 de marzo de 2010

Las dos caras del Cádiz

El Cádiz cayó derrotado tras su visita al campo del tercer clasificado, el Cartagena. Era un escenario en el que se podía perder, ante un rival ante el que se podía perder (de hecho no creo que muchos de los rivales por la permanencia del Cádiz sean capaces de derrotar al conjunto albinegros) pero creo que no de la forma en la que se perdió. La diferencia entre ambas plantillas era manifiesta, pero a pesar de esto el Cádiz le puso las cosas muy difíciles a su rival en la primera parte. Este es un equipo bipolar, al que la gasolina le dura cuarenta y cinco minutos y que, en consecuencia, da dos caras distintas en todos los partidos.

Una cara A, en el primer tiempo, en el que el equipo presiona, sale a comerse a su rival, mantiene la intensidad defensiva y ofensiva, se mantiene cohesionado en todas sus líneas y goza de muy buenas ocasiones. Ante el Cartagena cierto es que no se pudo ver esto, pues el Cádiz atacó poco (en parte porque Enrique Ortiz, baluarte ofensivo en las últimas jornadas no tuvo su día) pero a nivel defensivo el trabajo de los de Espárrago fue inmejorable. Los ataques del Cartagena, quizás bastante estáticos por carecer de un hombre que incordiara entre líneas, eran repelidos como en un frontón por la zaga amarilla. Sólo Longás, con su gran trabajo en el centro del campo, fue capaz de darle peligrosidad y verticalidad a su equipo.

La cara B es la de las segundas partes: un equipo que acusa el gran esfuerzo del primer tiempo, que sufre un bajón físico y que acaba a merced de su rival. Esta cara B es la que le ha costado puntos al equipo y que se caracteriza por los errores defensivos, además de por la incapacidad para sobreponerse a las adversidades. Fue quitar el técnico del Cartagena a Balboa, al que tenían muy controlado Erice y Cifuentes, para introducir a Víctor y derribarse todo el trabajo del primer tiempo como un castillo de naipes.

El ataque del Cartagena dejó de ser estático, pues si por algo se ha caracterizado Víctor ha sido por su movilidad. El extremeño fue una pesadilla, actuando como mediapunta, por banda derecha, en la punta del ataque… Y desarmó al Cádiz. Da la sensación de que este equipo, en cuanto se ve presionado mínimamente o el rival se viene arriba, es incapaz de plantarle cara. Nada más recibir el segundo gol en contra el Cádiz se vino abajo, no intentó buscar el empate y se dejó llevar por su rival, algo muy peligroso cuando este tiene el potencial ofensivo del Cartagena. Sí, es cierto, el Cartagena fue superior, pero también lo tuvo muy fácil, tanto por la falta de personalidad del Cádiz como por sus lagunas defensivas.

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Demasiados goles

Si analizamos los cuatro goles recibidos por Casilla (que elevan a cuarenta y ocho los tantos encajados esta temporada por el equipo, demasiados para estas alturas de temporada) nos daremos cuenta de que se debieron en gran parte a fallos de marcaje o de concentración de la defensa. El primer tanto del Cartagena, que suponía el empate en el marcador, llegó tras un saque de esquina sacado por Víctor, que llegó al corazón del área. Txiki, que llegaba desde atrás, consiguió y sin apenas oposición, peinar el balón adelantándose a Cifuentes. El bote del balón sorprendió a Kiko Casilla y a Álvaro Silva, que debería de haber cortado el esférico, pero que ni siquiera llegó a tocarlo, pues Toché le ganó la partida al central amarillo. El atacante del Cartagena, sin nadie que le inquietara disparó (y mal, pues lo hizo al larguero) y consiguió marcar. Quisiera eximir de este gol a Casilla, que si bien toca el balón con la rodilla y acaba propiciando que éste entre en su portería, hizo lo que debía hacer.

A pesar de este gol el equipo no se arrugó e intentó atacar, aunque era cuestión de tiempo que el Cartagena hiciera el segundo. Un gol que nació en las botas de Longás, que solo en el medio del campo asiste genialmente a Juan Carlos Moreno, que estaba en la banda izquierda. Cristian intenta cortar el esférico, no lo consigue, se queda tirado en el suelo y con la posición perdida, regalándole un pasillo a Moreno, que ante la pasividad de Fragoso y Álvaro Silva, centra. El balón en rematado en el área grande de cabeza por Víctor, que estaba peligrosamente solo. Un regalo que un jugador con su experiencia no podía desaprovechar. Fue un gol que evidenció las lagunas defensivas del equipo y que condenó al Cádiz. ¿Por qué no había nadie haciéndole la cobertura a Cristian en el momento en que el lateral amarillo decidió cortar el pase de Longás? ¿Por qué nadie cubría a Víctor, aún a sabiendas de que era el único atacante al que Moreno podía centrar?

Si el segundo gol muestra una defensa débil y endeble, el tercero da la sensación de que la zaga es calamitosa. Un centro desde lejos de De Lucas al área que le llega a Toché, defendido por Raúl López y Álvaro Silva, acaba besando las mallas de la portería de Kiko Casilla. Raúl López no puede hacer nada, puesto que el balón, por la trayectoria que tenía, le acaba superando completamente. La responsabilidad es de Álvaro Silva, que debería de haberse empleado con contundencia, puesto que tenía el balón de cara, y despejar el peligro de las inmediaciones del área. Pero el defensor no pudo hacerlo, porque se vio inexplicablemente superado por Toché, que llegaba desde atrás y que consigue marcar cuando Silva tenía toda la ventaja.

Finalmente, tenemos el cuarto y último gol del Cartagena, que es una mezcla de la calidad ofensiva del rival (al que no quiero restarle méritos, aunque con la defensa del Cádiz es muy fácil hacer daño), el bajón físico del equipo y su escasa disciplina defensiva. Después de un saque de banda, tres jugadores albinegros (dos si quitamos al encargado de poner el balón en juego desde la banda) rodeados por cinco cadistas logran mantener el balón. Víctor, de espaldas a la portería y cubierto por Cristian, es capaz de jugar el balón de tacón para que llegue Moreno, que hasta el momento del taconazo estaba defendido por Fragoso, pero que recibe y controla el balón sin oposición. El por qué Fragoso optó por no seguir al atacante cartagenero es un misterio. Cristian y Raúl López buscan a Moreno para obstaculizarle, pero el antiguo capitán del Numancia logra armar un centro que remata dentro del área y ganándole nuevamente la posición a Álvaro Silva, De Lucas.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de estos cuatro goles? Que la defensa del Cádiz no está a la altura de una competición tan exigente como Segunda División. La falta de intensidad defensiva, la debilidad, la escasa contundencia y el nulo marcaje al rival son tan patentes que cualquier rival, con poco que haga, saca petróleo. No se pueden conceder tantas facilidades, porque los rivales no van a perdonar.

Espárrago ha conseguido que el equipo marque goles (aunque no tantos como debería) pero tiene como asignatura pendiente mejorar el balance defensivo del Cádiz. La solución, cuando el equipo jornada tras jornada encaja bastantes goles (tres la pasada semana ante el Albacete y cuatro esta) parece imposible. Quizás la clave la tenga De la Cuesta, muy del gusto del cuerpo técnico, inédito esta campaña y que en Valladolid dio muy buenos resultados. Quizás, también el retorno al once de Fleurquin, pues se nota bastante la falta de un jugador que en el círculo central, con jerarquía y dotes de mando, haga un poco de trabajo sucio. Nadie mejor que el uruguayo para esta tarea. Desde luego y, con todos mis respetos, la solución para mejorar la situación defensiva del Cádiz no se haya en una defensa formada por Raúl López y Álvaro Silva. Sobre todo, formada por este último. Es un defensa blandito, sin presencia física y al que cualquier atacante puede desbordar y superar.

Ahora más que nunca, la salvación pasa por hacerse fuerte en Carranza y por solucionar las lagunas defensivas.

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viernes, 12 de marzo de 2010

Demasiado Cartagena

El Cádiz dilapida en una segunda parte horrorosa un 0-1 en el Cartagonova y regresa a casa con una derrota y cuatro goles más encajados en el zurrón.

El Cádiz Club de Fútbol inauguraba la vigésimo octava jornada de Liga Adelante en el Estadio Cartagonova para enfrentarse al FC Cartagena, tercer clasificado en la competición. Era un encuentro vital para ambas escuadras, para quienes la victoria era importante para mantenerse con opciones en sus respectivas luchas: los cadistas debían vencer para intentar abandonar los puestos de descenso y los cartageneros buscaban los tres puntos para mantener la tercera plaza.

En la convocatoria de Víctor Espárrago para este encuentro destacaba la ausencia de Mansilla, titular indiscutible desde la llegada del charrúa al banquillo amarillo, a favor del colombiano José Julián De la Cuesta. Tampoco estaba convocado Nano González, que el año pasado militó en las filas del Cartagena y que no pudo enfrentarse a su antiguo equipo.

El once dispuesto por Espárrago estuvo integrado por Kiko Casilla en la portería, secundado por Cristian, Raúl López, Álvaro Silva y Cifuentes en línea defensiva, Erice y Fragoso en el doble pivote, Enrique y Ramis en la banda derecha e izquierda, respectivamente, Abraham de mediapunta y Toedtli como punta de lanza.

Golazo de falta

La primera ocasión para el Cádiz llegó nada más empezar el encuentro, con disparo desde fuera del área de Abraham tras recoger un balón suelto tras un cabezazo de Erice, que se marchó por poco fuera de los tres palos defendidos por Rubén. En la jugada siguiente, mientras Abraham caracoleaba al borde del área, Exeita derribó al canterano del Barcelona. El colegiado Hernández Hernández señaló la infracción y el lanzamiento corrió a cargo del propio Abraham, cuyo lanzamiento con rosca superó la barrera y se introdujo dentro de las mallas de Rubén. Un golazo de falta que significaba el 0-1.

En el Cartagena intentó reaccionar por la banda derecha Javier Ángel Balboa, que inquietaba a Cifuentes, tratando de adentrarse como un puñal en el área de Casilla. A pesar de no sufrir demasiado, se veía que los desplazamientos largos de balón del Cartagena incomodaban a la defensa del Cádiz. Poco a poco el mediocampismo inicial fue desapareciendo y el cuadro local se hizo con las riendas del partido. Antes, en el minuto trece, el colegiado amonestó rigurosamente con cartulina amarilla al jerezano Raúl López por entender que el capitán cadista se demoraba en el saque de una falta en el centro del campo.

Cerca del empate

En un saque de banda pudo empatar el Cartagena. Longás, tras recibir el balón y en línea de tres cuartos, puso un buen balón que sorteó a los defensores amarillos y que llegó al corazón del área de Casilla, donde entraba solo Moreno. El ex – capitán del Numancia llegó a tocar el balón, pero su remate se marchó a la izquierda del marco defendido por el cancerbero cadista.

En un contragolpe bien montado por Balboa, que dejó a De Lucas solo en el área, el empate estuvo nuevamente a punto de llegar, pero en esta ocasión el disparo a bocajarro del atacante cartagenero fue detenido con los pies por un providencial Kiko Casilla. El Cartagena estaba embravecido, combinando con acierto por la banda izquierda y llegando con mucho peligro al área amarilla, con un fútbol eléctrico y vertical. Cuando disponía de opciones en ataque, el Cádiz se precipitaba a la hora de jugar el balón. Con este panorama, al equipo de Espárrago no le quedó otra alternativa que encerrarse atrás, intentando despejar los ataques de su rival desplazando en largo el balón o echándolo por línea de fondo. Fue una primera parte en la que el Cartagena monopolizaba la posesión del esférico, pero en la que el Cádiz no se descompuso.

La gasolina dura cuarenta y cinco minutos

Antes del inicio del segundo tiempo, se produjeron cambios en ambas escuadras. En el Cartagena se fue Javier Ángel Balboa por Víctor y en el Cádiz entró López Silva por Enrique.

El segundo período empezó como había acabado el anterior: con el Cartagena con la posesión de balón, aunque atacando con menor convicción y con el Cádiz agazapado a la espera de contragolpear aprovechando la velocidad de Ramis y López Silva. Toedtli pudo marcar el segundo, después de recoger un rechace de Cygan al borde del área de volea, pero su disparo se marchó fuera de la portería de un Rubén al que la acción había pillado a contrapié.

Después de un saque de esquina que pudo haber sido falta de De Lucas sobre Raúl López, el Cartagena logró el gol del empate. Tras un saque de esquina sacado por De Lucas, Toché disparó al larguero y el balón acabó entrando después de que golpeara en las rodillas de Casilla.

A pesar del mazazo, el Cádiz no se arrugó y se marchó en busca del segundo gol que desequilibrara el marcador. El futbolista más destacado fue López Silva, muy activo por banda, incordiando a los defensores rivales e internándose siempre que podía para tocar con sus compañeros.

Sin embargo, fue el Cartagena el que logró marcar el segundo tanto, después de que Cristian fallara en un corte de balón que dejó a Moreno sólo en banda. Sin oposición, el jugador cartagenero ensayó un centro que fue magistralmente rematado de cabeza por Víctor. Este segundo gol sí hizo daño al Cádiz, que se precipitaba con el balón en los pies y que perdió los nervios en muchas ocasiones.

Sangría

La superioridad del Cartagena, sin ser desmedida, era insultante. El Cádiz estaba k.o., era un pelele en manos de su rival, que estuvo a punto de lograr el tercero tras un remate de cabeza de Moreno tras un gran pase de Longás.

El tercer tanto llegó tras un buen centro desde la banda derecha de De Lucas al que llegó Toché, adelantándose a Álvaro Silva, para batir a placer a Casilla. Era el cuadragésimo séptimo gol que el Cádiz encajaba esta temporada. El delirio llegó a las gradas del Cartagonova cuando De Lucas consiguió marcar el cuarto gol de su equipo, después de que Víctor habilitara de tacón a Moreno para que centrara, dejando solo al catalán para marcar.

Con el 4-1, el Cartagena dejó que pasaran los minutos, sin hacer más daño en un rival herido. Así pues, nueva derrota de los de Espárrago, que evidenciaron una vez más su ya consabida fragilidad defensiva en el segundo período.

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lunes, 8 de marzo de 2010

Luchas opuestas

La última vez que el Cádiz Club de Fútbol pisó el césped del Cartagonova fue con motivo de la disputa del título de campeón de Segunda División B. ambos acababan de certificar el ascenso a la Liga Adelante tras derrotar al Real Unión en el caso de los amarillos y al Alcoyano en el de los albinegros una semana antes. En aquella ocasión el Cádiz consiguió adelantarse en la eliminatoria, tras doblegar a su rival por 1-2, gracias a dos goles de Borja Rubiato. Finalmente, el equipo dirigido por Gracia consiguió ascender a la categoría de plata del fútbol español con todos los honores, tras empatar una semana más tarde en Carranza y lograr el título de campeón.

A principios de temporada, ambas escuadras estaban llamadas a luchar por la permanencia, asentándose poco a poco en la nueva categoría. ¿Quién iba a decir que cuando se llevaran ocho meses de competición la situación de Cartagena y Cádiz iba a ser tan diferente? Los dos están inmersos en una lucha importante, vital, pero diametralmente opuesta. El Cádiz, jugándose su ser o no ser en la competición, intentando mantenerse en la categoría pasando demasiados apuros. El Cartagena, luchando por el ascenso a Primera División, por delante de equipos con mejor plantel como Numancia o Betis. Palabras mayores.

Gran parte del éxito cartagenero se debe al buen hacer durante la pretemporada, cuando se consiguió confeccionar un bloque con jugadores experimentados y no exentos de calidad, como Víctor (internacional con la Roja de la mano de Camacho), Quique de Lucas o Pascal Cygan. Estos futbolistas le han dado al bloque un plus de competitividad y un saber estar impropio de un recién ascendido. Esta diferencia se notó en la primera vuelta, en la que el Cartagena acabó pasando por encima del Cádiz en el Ramón de Carranza (1-3 fue el resultado de ese encuentro)

A pesar de esto, creo que el Cádiz puede sacar un buen resultado de este encuentro si sabe jugar sus cartas. El resultado de la primera vuelta no debería tenerse en cuenta, pues cada partido es un mundo y los equipos no llegan en el mismo estado de forma que entonces. Noto cierto cansancio en el Cartagena, que está sufriendo más de la cuenta para sacar adelante sus resultados, quizás por el sobreesfuerzo que supone para un equipo pensado para no pasar apuros el estar luchando por el imprevisto objetivo del ascenso.

Si el Cádiz se aprovecha de esta circunstancia y no concede las facilidades defensivas que acostumbra, puede que saque algo positivo en una salida tan complicada como la de esta jornada. Pero además, debe saber gestionar la subida de moral después de la épica remontada contra el Albacete para hacer su partido y jugarle sin complejos a su rival. La victoria contra el Albacete debe ser el punto de inflexión para que el equipo enderece su rumbo.

Así pues, el próximo viernes, se verá un partido interesante e intenso, con dos equipos que necesitan la victoria para mantenerse fuertes en sus luchas opuestas.

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domingo, 7 de marzo de 2010

Balón de oxígeno

Cinco jornadas después el Cádiz saboreó las mieles del triunfo, tras doblegar ante su parroquia a un rival directo como el Albacete. Esta victoria es un auténtico balón de oxígeno para los cadistas, que durante muchos minutos fueron por detrás en el marcador, viendo cómo eludir el descenso a Segunda B se complicaba más y más. Finalmente se consiguieron los tres puntos, que bien mirados valen por cuatro: el Cádiz le ha ganado el goal-average a su rival. Algo muy a tener en cuenta si nos atenemos a la tónica de esta competición, donde la igualdad es máxima y cualquier detalle puede ser válido para evitar la pérdida de la categoría.

El partido de esta jornada también ha servido para ver una cara distinta del Cádiz. Ha servido para ver a un equipo capaz de plantar cara, de luchar contra la adversidad y de darle la vuelta a un marcador que le era muy adverso. Cierto es que esta remontada fue gracias a la expulsión de Tarantino, pero aún así ha sido algo que hasta la fecha no se había visto: este Cádiz es capaz de ganar cuando lo tiene todo en contra. Hay que saber sufrir y luchar si se pretende lograr la permanencia. No se pueden bajar los brazos como ha pasado en otras ocasiones a la mínima adversidad.

Pese a esto, durante muchos minutos se cumplió el mismo guión de siempre: el Cádiz empezó bien, adelantándose en el marcador a su rival y una serie de errores puntuales acabaron propiciando la remontada del adversario. Sin embargo, la casta y el coraje del equipo acabaron revertiendo la situación. Además, el partido dejó a nivel individual buenos detalles: Tristán volvió a ver puerta, algo que no hacía desde la debacle de Anoeta, además de darse el debut de Milos Bogunovic con la camiseta amarilla.

De haberse perdido la situación hubiera sido prácticamente insostenible. El equipo, hundido en la tabla, con siete puntos de desventaja sobre el Albacete y a cinco de la salvación. La polémica en torno a Muñoz, Peguero y a la mala gestión durante el mercado de invierno hubiera vuelto a ser protagonista. Se hubiera creado un clima en torno al equipo nada sano. Afortunadamente, el Cádiz consiguió remontar.

Son tres puntos que dejan al equipo en la vigésima plaza, a un punto del Albacete y a dos del Celta y del Murcia. O lo que es lo mismo: a dos puntos de la salvación. Se salvó el match-ball, se salvó la situación crítica. Más que con los tres puntos, me quedo con el hecho de que este equipo está vivo, no va a tirar la toalla y va a seguir luchando por permanecer con vida. Hay que tener los pies en la tierra, pero lo cierto es que la situación, dentro de lo malo que es estar en puestos de descenso, no es tan mala: aún tienen que visitar Carranza algunos rivales directos, además de que aún se tiene que jugar contra el Celta de Vigo. Queda mucha Liga por delante y nos espera a todos un final verdaderamente apasionante.

Cierto es que el Cádiz volvió a ser endeble en defensa. Cierto es que el Albacete marcó con demasiada facilidad. Pero eso ahora no importa demasiado. Lo importante es que se lograron los tres puntos. Ya lo decían algunos miembros de la plantilla antes del encuentro: había que ganar por lo civil o por lo criminal. Y se ganó. Ahora sólo queda seguir sufriendo y esperar que el equipo consiga un buen resultado en Cartagena.

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jueves, 4 de marzo de 2010

Renovación automática

El centrocampista navarro del Cádiz, Jon Erice, renovará su contrato con la entidad cadista de manera automática el próximo fin de semana si disputa el partido contra el Albacete. Algo que parece lógico y prácticamente hecho, puesto que el futbolista es actualmente titular indiscutible en el centro del campo amarillo. Erice ha jugado hasta la fecha un total de veinticuatro encuentros, todos ellos como titular. Se ha perdido únicamente dos partidos: ambos por sanción. Para terminar de ilustrar la importancia del navarro en los esquemas del Cádiz, cabe decir que de esos veinticuatro partidos que ha disputado, ha acabado diecisiete: doce a las órdenes de Javi Gracia y cinco con el actual entrenador del equipo, Víctor Espárrago.

Así pues, tras la disputa de su vigésimo quinto encuentro esta temporada con la camiseta amarilla Erice renovará de manera automática por una campaña más, tal y como estaba estipulado en su anterior contrato. A pesar de tratarse de una renovación más que merecida, el navarro quiso restarle importancia cuando se le preguntó al respecto en su comparecencia ante los medios de comunicación esta semana. De hecho, dijo estar más centrado en el duelo importante de este Domingo ante un rival directo como es el Albacete y no olvidarse del gol que falló ante el Recreativo de Huelva la pasada jornada en el Nuevo Colombino.

De menos a más

Erice llegó a Carranza en el mercado invernal, después de que se concretara su cesión por el equipo amarillo hasta final de temporada por Osasuna, club que tenía sus derechos federativos y que al inicio de la temporada 2008-2009 cedió al centrocampista al Huesca. En esa cesión, el Cádiz se guardaba una opción de compra automática en caso de que Osasuna no solicitara el retorno de Erice al término de la temporada. Aparte de tratarse de una apuesta de futuro, el fichaje del navarro servía para cubrir una de las plazas sub-23 impuestas por la Federación en Segunda B y que había quedado libre tras la marcha de Javier Acuña al Real Madrid Castilla.

Sus primeros pasos en el equipo amarillo no fueron fáciles, pues Gracia lo fiaba todo a un doble pivote formado por Víctor Ormazábal y Andrés Fleurquin y no pudo disputar demasiados minutos. Finalmente, tras el ascenso a Segunda División y después de que Osasuna no solicitara el retorno de su futbolista, el Cádiz ejerció la opción de compra que tenía sobre él. En este contrato, la renovación del jugador quedaba supeditada a una serie mínima de partidos jugados.

En la nueva andadura del equipo en Segunda División Erice cambió radicalmente su rol en la primera plantilla. De ser suplente pasó a ser titular indiscutible. Es un futbolista importante para el Cádiz, puesto que corta balones, ordena en el medio del campo y mueve la manija del equipo. Su renovación automática (aunque aún debe disputarse el partido del fin de semana) es una buena noticia para el club. Ojalá no sea la única buena noticia de la semana y el Cádiz doblegue al Albacete.

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lunes, 1 de marzo de 2010

Preocupante

En la rueda de prensa posterior a la derrota en el Nuevo Colombino de Huelva, Víctor Espárrago afirmó que “si hoy no se ha ganado el partido es difícil que se gane otro”. A la vista de cómo transcurrió el partido, las palabras del técnico charrúa son ciertas. El Cádiz mereció salir del campo del Decano con los tres puntos, ya que hasta el penalti que falló Toedtli, fue muy superior a su rival, al que desarboló, controló y pasó completamente por encima. Hasta esa fatídica pena máxima fallada en el minuto tres del segundo tiempo, el Cádiz había presionado con ahínco la salida del balón del Recreativo, que era incapaz de llegar con claridad a las inmediaciones del área de Kiko Casilla y de hilar dos pases seguidos. Hasta el penalti, el Recreativo estaba muerto.

Después del penalti, el Cádiz bajó los brazos de manera inexplicable. Es cierto que no se puede mantener la misma tensión a lo largo de los noventa minutos de partido, ya que, más tarde o más temprano, el desgaste físico acaba apareciendo y pasando factura. Pero, a pesar de esto, el bajón que experimentó el equipo de Víctor Espárrago fue inexplicable. La presión asfixiante que habían realizado antes de la jugada clave fue desapareciendo paulatinamente hasta ser inexistente. El acercamiento a la meta de Guaita se redujo al mínimo. Y el Recreativo, que antes del penalti había estado muerto, resucitó. Y esta resurrección onubense se produjo porque el equipo amarillo lo permitió.

El Cádiz era amo y señor del duelo hasta que un error puntual permitió que su rival remontara. Otro error más de concentración que propició que tres puntos casi seguros volaran. Incluso con el empate, se tuvieron buenas ocasiones para volver a adelantarse en el marcador. Pero, una vez más, la falta de puntería de la que este equipo adolece se hizo patente.

Viendo el primer tiempo, parece imposible que el Cádiz no ganara. La marcha del equipo cada vez es más preocupante. Preocupante que por un error puntual eche por tierra el trabajo de todo un partido. Preocupante la falta de reacción ante los contratiempos. Preocupante, la falta de acierto de cara a gol. A este equipo le falta “mala leche” en los últimos metros. Le falta definir con claridad, le falta un goleador. Juega bien, empieza dominando al rival, acorralándolo, asfixiándolo, pero a medida que transcurren los minutos es incapaz de plasmar esa superioridad en el marcador.

El resultado es de sobra conocido por la afición: inmerecidas derrotas o infructuosos empates que no alivian la situación del Cádiz en la tabla. El equipo da buena impresión en general, aunque no se ve acompañada por buenos resultados, que son los que mandan. Un dato: el Cádiz lleva cinco partidos consecutivos sin ganar, sumando dos puntos de quince posibles. Así, la permanencia es verdaderamente difícil.

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