martes, 31 de mayo de 2011

Así jugó el Cádiz en Miranda

Pasadas veinticuatro horas del partido en el Municipal de Anduva, resulta complicado explicar cómo el Cádiz planteó el encuentro. Parecía mentira que los amarillos se jugaran lo mismo que el Mirandés: seguir vivo en la lucha por ascender. Fue un partido ramplón, sin intención, sin ambición. Los dos goles de renta parecían suficientes, y al Cádiz, durante todo el partido, ni se le vio ni se le esperó.

Jose González mantuvo el esquema de toda la temporada, con los que han venido siendo sus hombres fuertes todo el año, menos el lesionado Enrique y Pachón, que se encontraba en el banquillo. Quiso ser fiel a sí mismo el técnico cadista, incluso apostando por el doble pivote José Miguel Caballero-Moke. Un doble pivote algo bisoño, falto de experiencia. Ninguno de ellos estuvo al nivel que el partido requirió. Juanse Pegalajar jugó en la banda derecha supliendo a Enrique y Antonio Moreno, como principal referencia en ataque.

El Cádiz no pudo hacer nada ante el empuje local. O no supo. El balón era monopolizado por el rival, que lo metía incesantemente en el área amarilla. El equipo estaba muy retrasado, intentando achicar agua como buenamente podía. Álvaro Silva y Baquero se fajaban valientemente al corte, Cifuentes luchaba en un intenso y épico duelo con Pablo Infante… Raúl López, todo garra y pundonor, daba una de cal y otra de arena.

A pesar de los cuatro goles, Álvaro Campos no estuvo mal. No pudo hacer nada ante el desbarajuste del primer gol local. El segundo fue un golazo, imparable. El tercero es inexplicable y el cuarto, fruto de otro error atrás, en el que lo fusilaron en el área. Sacó un peligroso mano a mano en el segundo período.

A nivel ofensivo la propuesta del Cádiz era nula. El equipo hacía aguas en el mediocampo, donde ni Moke ni José Miguel Caballero eran capaces de sostener al Cádiz. Ambos pecaron de inexperiencia y nerviosismo, rifando en ocasiones el balón y protagonizando peligrosas cesiones a compañeros, que más que solucionar la situación, la comprometían más aún.

Tampoco Carlos Caballero, encargado de poner la nota creativa al juego amarillo, brilló. Su mejor acción fue en el primer tiempo, cuando recogió el balón cerca del círculo central y, tras sortear a varios jugadores rojillos, asistió a López Silva para que el onubense intentara tirar a puerta.

En el segundo tiempo el entrenador amarillo realizó tres cambios. Primero, entró Aarón Bueno por Juanse Pegalajar. El jiennense, recientemente recuperado de una lesión, no rindió al nivel que acostumbra. Su sustituto no hizo nada reseñable. Lo intentó, pero no es el mismo futbolista que deslumbró en el inicio de la competición. Después, entró Pachón por Moreno. El malagueño estuvo peleón y voluntarioso: no pudo hacer mucho más porque nadie fue capaz de cederle un balón cerca del área, donde es verdaderamente peligroso. El último cambio estaba cantado: Jurado entró por José Miguel Caballero, aunque también podría haber sido por Moke.

Dos veces llegó el Cádiz a la portería de Wilfred. Las dos acabaron en gol. Las dos se produjeron tras centros desde la izquierda. Las dos fueron rematadas impecablemente de cabeza. Las dos entraron. Pero sólo una subió al marcador. Ese fue todo el bagaje ofensivo del Cádiz, y a punto estuvo de salirle bien la apuesta. Hubo tímidos acercamientos, pero era raro ver al Cádiz merodeando con balón los dominios del cancerbero rojillo.

Una vez más y a falta de Enrique, a este endeble Cádiz lo sostuvieron Cifuentes y Pachón. El primero estuvo súper atento a cualquier balón que pudiera llegar, para despejar o intentar la cesión a Campos de cabeza. El segundo, se mostró resolutivo y marcó un gol que pudo haber valido la clasificación. Sin el gol de Pachón, la afición cadista ni siquiera se podría haber permitido el lujo de soñar en un partido que, desde el principio, se convirtió en una pesadilla. Y en gran medida, por culpa del propio Cádiz.

Sin generar apenas peligro, parapetado a la espera de un rival lanzado en ataque, es muy difícil aguantar un encuentro así. Al Cádiz le fue mal. Malo el planteamiento de los amarillos en el partido más importante de la temporada. Desde el principio, en lugar de jugar y plantar cara, el equipo se dedicó a que el cronómetro corriera. Con los dos goles de renta, el tiempo era el mejor aliado amarillo. Carlos Caballero vio, incomprensiblemente, la primera amarilla del encuentro por perder tiempo en el saque de una falta. Corría el minuto once. Pero no se puede plantear un partido de estas características dejando que el tiempo corriera y se agotara. Y el Cádiz lo pagó caro.

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Así jugó el Mirandés

Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida. De eso era más consciente que nunca el Mirandés, equipo modesto, con el que nadie contaba a principio de temporada y al que, en la última jornada, se le escapó el liderato del Grupo II de Segunda B. A pesar del 2-0 de la ida, el conjunto burgalés sabía que tenía una gran oportunidad para lograr el pase a la segunda ronda del play-off. Y que sólo lo conseguiría unido y atacando.

Carlos Pouso planteó un encuentro a la ofensiva, con un fútbol directo, que achuchara al rival y que lo dejara con el miedo en el cuerpo desde el primer minuto hasta el último. Iba a ser un partido muy largo. Para este encuentro, formaron por parte del Mirandés Wilfred bajo palos, línea de cuatro defensas con Garmendia, César Caneda, Álvaro Corral y Raúl García, con Iván Agustín, Jony Ñiguez y Antxón Muneta en el medio campo, Iribas y Pablo Infante en los extremos y Alain en la punta.

Nada más empezar el partido, el Mirandés comenzó el acoso. Tenía tintes de partido épico: el terreno de juego encharcado, balonazos al área rival y el contrario aguantando como podía. Parecía, desde los primeros compases, que lograra quien lograra el pase, lo haría con épica, con garra y con un gol heroico al final.

El planteamiento de los pupilos de Carlos Pouso fue inteligente y el que mejor se adaptaba a las condiciones del terreno de juego. Imposible era rasear el balón, pues se quedaba clavado en las zonas más encharcadas. Por lo que lo más sensato y efectivo era bombear balones, tratar de reducir distancias y encerrar al rival en su parcela. El Mirandés no se limitó al bombeo de balón carente de criterio, sino que buscaba la salida de este a las bandas, desde donde buscaba, de forma sistemática, percutir. Pretendían abrir el juego, abarcar el máximo terreno posible.

De la defensa del Mirandés poco que decir, pues el Cádiz inquietó más bien poco. Se mostró contundente, dificultando el juego amarillo y no complicándose cuando cortaba el balón. Wilfred, su portero, tuvo también muy poco trabajo.

En el centro del campo Jony Ñiguez impuso su ley, recuperando pelotas con criterio y limpieza. Igualmente actuó el capitán, el veterano Iván Agustín, único superviviente de la anterior liguilla de ascenso del Mirandés, que además se animaba a atacar. Pero de los tres del mediocampo el mejor era Antxón Muneta. Un fenómeno, un pequeño diablo que hacía y deshacía a su antojo. Suyos eran la mayoría de cambios de juego a la banda, haciendo alarde de pase largo y precisión. También, hizo alarde de su buen manejo del balón con los pies.

Pese a no marcar, el más desequilibrante en las filas del Mirandés fue Pablo Infante. Grandioso su partido. Protagonizó, como en el encuentro de ida, un portentoso duelo con Cifuentes. Demostró picardía y movilidad, buen manejo del balón y provocó un penalti que no fue señalado. En la otra banda, Iribas se mostraba algo menos desequilibrante, a la vez que más individualista.

Alain, su delantero centro, estuvo muy acertado de cara a puerta. Marcó dos goles y perdonó otros dos. Cuando más apretaba el Mirandés en busca del tercero, el Cádiz marcó. Pouso decidió jugarse el todo por el todo. Entraron Candelas y Lambarri, dos futbolistas con un marcado perfil ofensivo. Antes había entrado Mújika, en sustitución de Iribas. Eran los últimos minutos y había que atacar.

El Mirandés metía balones al área rival, pero el Cádiz resistía. Hasta que Mújika, en el último minuto del tiempo de descuento hizo el cuarto y definitivo gol. Un gol que clasificaba al Mirandés, tal vez el único de los dos equipos que comparecieron en el Municipal de Anduva que luchó por el partido.

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lunes, 30 de mayo de 2011

¿Y si hubiera estado Enrique?

Enrique Ortiz ha sido un futbolista fundamental en el Cádiz. Máximo goleador del equipo, con doce dianas, el extremeño ha sido también el máximo asistente de la plantilla. Esta temporada ha jugado treinta y cuatro partidos de Liga regular y otro de play-off: en total, mil trescientos noventa y tres minutos. Sin embargo, su concurso en el Municipal de Anduva no pudo ser posible, después de que no pudiera completar los últimos entrenamientos del primer equipo.

Unos problemas de rodilla impidieron que Enrique jugara el desenlace de la primera eliminatoria de ascenso en Miranda de Ebro. Una baja sensible, que tal vez pasó factura al equipo. Esta temporada el extremeño se ha perdido cinco partidos de Liga, entre sanciones y lesiones. El resultado para el Cádiz no es tan catastrófico como cuando ha tocado jugar sin Carlos Caballero (sin el que el Cádiz no ha sido capaz de ganar), pero se aproxima. Una sola victoria y cuatro derrotas han cosechado los amarillos cuando Enrique ha estado ausente.

El primer encuentro que Enrique se perdió esta temporada fue en la sexta jornada, cuando al Cádiz le tocó visitar al Estepona. El “ocho” se perdió aquel partido por lesión. Este fue el único encuentro que el Cádiz consiguió ganar sin el extremeño en la lista de convocados, gracias a los dos goles de Aarón Bueno.

El segundo partido del Cádiz sin Enrique llegó en la decimotercera jornada, el partido que supuso el cese de Vidakovic como entrenador. El extremeño se perdió el encuentro por acumulación de tarjetas y el Cádiz cayó contra el Lorca Atlético en el Ramón de Carranza. 1-2 fue el resultado final, jugando López Silva en el costado diestro ante la baja de Enrique.

En la segunda vuelta Enrique, por lesión, no viajó con el resto de sus compañeros a La Victoria, para medirse al Real Jaén. En aquel encuentro Fernando Velasco cubrió la vacante dejada por el extremeño en la banda derecha. De hecho, Velasco marcó un gol, adelantando a los amarillos en el marcador, pero fue insuficiente. El Cádiz acabó regalando el partido, perdiendo por 2-1 y sumando su tercera derrota consecutiva.

La penúltima vez que Enrique se perdió un encuentro liguero se produjo la antepenúltima derrota del curso. Fue en el Municipal de San Pablo, en Écija. Por acumulación de tarjetas Enrique no pudo disputar aquel encuentro. Una derrota más que dolorosa e inexplicable, puesto que el equipo dilapidó un 0-2 mediada la primera parte para irse perdiendo al descanso por 3-2. En aquel infausto encuentro, Juanse jugó en el extremo derecho, entrando como novedad en el once López Silva.

La última baja de Enrique fue en el Municipal de Anduva. A pesar de viajar con el equipo, el extremeño no jugó. Y el Cádiz lo notó. Su experiencia pudo haber sido clave en un partido en el que el Submarino, naufragó.

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Anduva ardió en rojo

La localidad burgalesa de Miranda de Ebro se volcó por completo con su equipo, el Club Deportivo Mirandés. No había terraza en la que no se vieran banderas animando al Mirandés. Desde muy temprana hora, raro era ver a un lugareño que no estuviera engalanado con la zamarra de su equipo. También, desde muy pronta hora la sede social del club estaba rebosando de gente: personas que querían hacerse con una entrada para el partido o que quería adquirir la entrada conmemorativa del encuentro. Del mismo modo, en el Municipal de Anduva, estadio donde iba a jugarse la vuelta del play-off, hubo un gran ambiente a lo largo de la mañana.

Un estadio chiquito, coqueto para Segunda B, con tres gradas y con apariencia buena desde el exterior, que a imitación de otros estadios con más nombre, tenía un cartel con la siguiente leyenda: “Esto es Anduva”. Una advertencia de lo que iba a ser el feudo del Mirandés al filo de las siete de la tarde.

Dos horas antes del encuentro acudieron en mayor número aficionados del Mirandés. También del Cádiz, que ilusionados y exultantes lograron acallar los cánticos locales. A las cinco de la tarde, junto a los hinchas de ambos equipos, hizo acto de presencia la lluvia. Cayó con dureza, con fuerza, de forma copiosa. Alguno llegó incluso a hablar de granizo. Tanto no llegó a caer, aunque los efectos de las precipitaciones causaron estragos en el césped del estadio. Las bandas estaban anegadas, y el balón rodaba con dificultad.

Las gradas fueron poblándose. En una esquinita, en lo que sería la preferencia de fondo sur (equiparando Anduva con Carranza) estaba ubicada la hinchada amarilla. El resto de las gradas pertenecían a la hinchada local. Llegaron a llenarse todas las localidades, teniendo que estar gente de pie, cerca de las vallas publicitarias, presenciando el partido. No cabía ni un alma en Anduva.

Con el pitido del colegiado, comenzó el infierno. El encharcado terreno de juego hizo que fuera misión imposible poder rasear el balón. La afición del Mirandés llevó en volandas a los suyos. Sin malos modos, creando un ambiente infernal para el rival y el trío arbitral, pero guardando las formas. Un ambiente sano y noble. Cada pérdida de tiempo del Cádiz era tremendamente pitada. Cada vez que el árbitro erraba, le caía una sonora pitada. Cada incursión del Mirandés, jaleada al máximo. El Mirandés correspondía, con un juego endiablado, total, buscando la portería del Cádiz de forma incansable.

Con el primer gol, Anduva animó con más fuerza, con más ímpetu. Con el segundo, soñó con la remontada, con lograr el pase. Con el gol de Pachón, como su equipo, no se hundió. El Mirandés jugaba con doce y así, era difícil fallar. El tercer gol hizo que aumentaran las esperanzas. Con el cuarto, llegó el delirio, la locura. Juntos acababan de conseguir el más difícil todavía. La afición amarilla, por su parte, estaba desolada.

Con el pitido final de Ruiz Bada, hubo invasión de campo. Jugadores y afición se fundieron en un abrazo, se convirtieron en uno. Creyeron hasta el final, con todas sus fuerzas. Así, era muy difícil que se les escapara. También, en pleno ambiente festivo, hubo tiempo para un bello gesto: los aficionados del Mirandés se dirigieron al sector en el que estaban ubicados los hinchas del Cádiz y los despidieron con una sonora ovación. Gesto señor, de una afición fantástica a otra sensacional.

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domingo, 29 de mayo de 2011

Reportaje Mirandés - Cádiz


Fotografías de Verónica Manzanares

 

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Hecatombe

El Cádiz es incapaz de hacer valer el 2-0 de la ida y es eliminado por un gran Mirandés, único equipo consciente de lo que había en juego y que luchó con uñas y dientes por remontar. El Cádiz, justamente eliminado.

Con dos goles de renta llegaba el Cádiz al Municipal de Anduva, para jugar el partido de vuelta de la primera eliminatoria del play-off. A pesar del resultado tan favorable, los cadistas no podían confiarse: el Mirandés no estaba muerto y tanto sus futbolistas como su hinchada soñaban con la remontada. Y el sueño se convirtió en realidad.

Para este encuentro, la mayor duda que tenía Jose González era si Enrique iba a jugar o no. El extremeño, lesionado, viajó a Miranda de Ebro, aunque finalmente no estuvo disponible para jugar. De este modo, sobre el mojado Municipal de Anduva jugaron Álvaro Campos, Cifuentes, Álvaro Silva, Pedro Baquero, Raúl López, José Miguel Caballero, Moke, Juanse Pegalajar, López Silva, Carlos Caballero y Antonio Moreno.

Con el pitido inicial del cántabro Ruiz Bada pudo verse que el Mirandés era el cuadro más necesitado. Un gol en los primeros minutos daría alas a los locales en busca de la remontada. Por ello, plantearon los hombres de Pouso un juego más directo, tratando de presionar al Cádiz, encerrándolo en su mitad del campo. El primer disparo del Mirandés llegó a los tres minutos de juego, cuando Iribas, tras ser asistido por Iván Agustín, probó fortuna desde el pico del área, pero su lanzamiento se marchó por encima del larguero. Un minuto antes el Cádiz había disfrutado de su primera posesión larga del balón, terminando la jugada en saque de esquina.

Los amarillos, al menos en los primeros compases, intentaban jugar tocando, volcando el juego por el costado zurdo. Planteamiento erróneo, pues el terreno de juego, tras la copiosa lluvia que cayó antes del encuentro, no estaba para rasear el esférico. Además, lo que peor estaba para jugar raseando eran las bandas: había tramos en los que el balón ni tan siquiera rodaba.

El Mirandés, empujado por su afición, achuchaba, y el Cádiz aguantaba el tipo como buenamente podía. Cuando no era fruto del juego directo del Mirandés, los amarillos sufrían en defensa por jugadas tontas, como una peligrosa cesión de Cifuentes a Campos, a la que estuvo cerca de llegar Alain. La primera amarilla del partido fue para Carlos Caballero, que a los doce minutos se demoró en sacar una falta. Los amarillos llegaban con cuentagotas, pues su apuesta de juego no era la más adecuada. López Silva disparó por encima del larguero en una de las pocas oportunidades del equipo, tras ser asistido por Carlos Caballero.

Dos errores

En el minuto diecisiete el colegiado empezó a tomar protagonismo. Todo comenzó cuando Muneta, en el centro del campo, le dio un gran pase a la banda a Pablo Infante, que ayudado por el encharcado césped, pudo deshacerse de Cifuentes y pisar área. Cuando iba a ensayar el disparo, el jugador rojillo fue derribado por Cifuentes dentro del área. Penalti claro, que Ruiz Bada no entendió como tal: amonestó a Infante por entender que había simulado.

Poco después, el colegiado continuó con su recital de errores. Fue la jugada más clara del Cádiz en el primer tiempo, que podría haber cambiado el encuentro. A los veintitrés minutos, López Silva centró desde la banda izquierda, rematando Juanse Pegalajar de cabeza. Un cabezazo inapelable, en un salto limpio, que acabó introduciéndose en la portería de Wilfred. Sin embargo, cuando el linier daba el gol por válido, Ruiz Bada lo anuló: entendió que Juanse, en el salto, empujó a su marcador.

El Cádiz acusó más el error arbitral que el Mirandés. Trataban de jugar mediante desplazamientos largos de balón, desde el centro del campo a las bandas, buscando la espalda de la defensa amarilla. Cifuentes cortó providencialmente un envío de Iván Agustín buscando a Pablo Infante. Poco después, fue Baquero quien salvó al Cádiz: Alain, dentro del área, trató de fusilar, pero el onubense se tiró a ras de césped para enviar a corner. El saque de esquina fue botado por Muneta, muy cerrado. Tanto, que casi se convirtió en gol olímpico. Pudo despejar a tiempo, con los puños, Álvaro Campos.

Gol psicológico

Cuando, a pesar del sufrimiento y de la pobre imagen del Cádiz, se pensaba que con 0-0 se llegaría al descanso, llegó el mazazo. En el último minuto antes del descuento, marcó el Mirandés. Alain, tras recoger el balón en el área y revolverse, batió a Campos. 1-0. Un gol en un momento psicológico y que hacía que se presagiara lo peor.

Tras la reanudación, parecía que el Cádiz había salido con algo de más intención, pero realmente el Mirandés seguía dominando, con su monólogo. Los locales continuaban con sus líneas muy adelantadas y planteando un fútbol muy directo. Los amarillos eran un manojo de nervios. En el minuto cincuenta, José Miguel Caballero quiso retrasar, desde el medio, a Cifuentes. El balón, fácil, se convirtió en un dardo envenenado, pues a punto estuvo de llegar Pablo Infante. La jugada acabó en corner.

Pedro Baquero acabó recibiendo una dura patada en la cara de Alain, que intentó rematar dentro del área de forma acrobática, aunque acabó dándole al central onubense. La acción, merecedora de falta, no lo fue de amarilla. Poco después, Baquero tuvo que ser atendido, pues estaba mareado por la acción con Alain.

Continúa el asedio

A la hora de juego se produjo el primer cambio en las filas del Cádiz. Aarón Bueno entró en sustitución de Juanse Pegalajar. El jiennense se tomó su tiempo, siendo increpado por ello por Raúl García. El cambio no modificó nada: el Mirandés seguía en su línea, encerrando al Cádiz y entrando por las bandas. Poco después del cambio López Silva fue amonestado por tirar por la espalda a Raúl García. Pouso también movió ficha: quitó a Iribas (muy individualista) y entró Mújika.

Tras este cambio, Alain tuvo un mano a mano con Álvaro Campos, que el valenciano resolvió francamente bien, enviando a corner. El Cádiz contestó con un tímido disparo de Moreno desde fuera del área, que no supuso ningún problema para Wilfred. En la siguiente jugada, prácticamente se cayó Anduva: el Mirandés logró el segundo. Su autor volvió a ser Alain, que tras recibir de Iván Agustín, batió de forma acrobática a Campos. Un golazo, que igualaba la eliminatoria.

Nada más recibir el gol, Jose González quitó a Moreno e introdujo a Pachón. El Mirandés, que estaba a un gol de la clasificación directa, apretó más. El Mirandés atacaba incansablemente y el Cádiz, para intentar estabilizarse en el mediocampo, dio entrada a Jurado por un gris José Miguel Caballero. Tampoco ayudó el cambio. En el setenta y nueve, Alain perdonó, completamente solo con el portero, el 3-0.

Espejismo

Y el Cádiz, cuando peor estaban las cosas, cuando parecía que no iba a ser posible, marcó. Raúl López recogió en la banda izquierda un balón que había peleado cerca del corner López Silva, para centrar al área. Allí, Pachón se alzó y remató de cabeza. Gol. 2-1. El Cádiz, gracias a ello, estaba virtualmente clasificado. Quedaba poco tiempo y el Mirandés debía hacer dos tantos.

Pero en el fútbol nada es imposible y apenas cuatro minutos después, el Mirandés volvía a marcar. Fue en una desafortunada jugada, en la que Baquero introdujo el balón en su propia portería. Pouso movió ficha, entrando Lambarri y Candelas por Ñiguez y Corral. Un planteamiento muy ofensivo, buscando el cuarto gol.

Cuatro minutos descontó el colegiado. El Cádiz se parapetó atrás, soportando las acometidas rivales. Pero fue imposible. En el último suspiro, en un error defensivo, Mújika cogió el balón dentro del área y fusiló. 4-1. No hubo tiempo para más, y con total merecimiento, el Mirandés consiguió el pase.

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viernes, 27 de mayo de 2011

Los diecisiete de Anduva

Álvaro Campos, Dani Miguélez, Cifuentes, Raúl López, Álvaro Silva, Pedro Baquero, José Miguel Caballero, Moke, Enrique, Velasco, Juanse Pegalajar, López Silva, Álvaro Jurado, Carlos Caballero, Pachón, Antonio Moreno y Aarón Bueno. Son los diecisiete elegidos que viajarán a Miranda de Ebro para disputar el encuentro de vuelta de la primera eliminatoria de ascenso. Uno de ellos se quedará fuera.

A pesar de todas las especulaciones, finalmente, Jose González ha decidido incluir a Enrique Ortiz en la convocatoria. El extremeño ha estado toda la semana entre algodones, pues su rodilla le ha impedido entrenarse al mismo ritmo que sus compañeros. Su concurso en Anduva no se conocerá hasta el último momento. Más vale prevenir, que curar. Más con un futbolista del calibre del extremeño y con la renta que tiene el Cádiz del primer enfrentamiento. Si Enrique no puede, lo más seguro es que finalmente se caiga de la convocatoria.

Otro sobre el que también se ha dudado en los últimos días ha sido Pedro Baquero. El onubense ha hecho que saltaran todas las alarmas después de que no pudiera completar el entrenamiento del pasado jueves por culpa de una sobrecarga muscular. Sin él, sólo habría un central del primer equipo disponible para enfrentarse al Mirandés, pues José Serrano estaba descartado por completo. Finalmente, Baquero viajará a Miranda de Ebro, formando pareja en el centro de la zaga con Álvaro Silva. Un Álvaro Silva que ha lucido a lo largo de la semana las quince grapas en la cabeza con las que el doctor del Cádiz tuvo que cerrarle la herida que se produjo ante el Mirandés.

José Miguel Caballero también ha estado especialmente protegido esta semana, pues tuvo que abandonar el partido de ida de la eliminatoria por una lesión. Sin embargo, parece que no ha revestido gran importancia, pues el canterano también estará disponible para el técnico del Cádiz.

La principal novedad en la convocatoria es la inclusión, por la duda acerca de la participación de Enrique, de Aarón Bueno. El catalán estuvo ausente en el primer partido tras haber sido expulsado contra el Melilla y una vez cumplida su sanción, regresa a la lista de convocados. Todo hace indicar que, aunque Enrique no se recupere, no jugará de inicio. Las bandas tienen dueño: López Silva y Juanse Pegalajar.

No hay más novedades en la convocatoria, pues repiten todos los que fueron citados por Jose González para enfrentarse al Mirandés en el Ramón de Carranza. Llegarán a un estadio complicado, ante un rival que no tiene nada que perder (y sí mucho que ganar), pero con un cómodo colchón de dos goles a su favor. No hay que confiarse, a pesar de ello.

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El partido más importante para Juanse Pegalajar

“Este será, hasta la fecha, mi partido más importante. Luchamos por ascender a Segunda División y eso no lo he vivido antes”. Palabras de Juanse Pegalajar, que puede regresar en el Municipal de Anduva al once titular del Cádiz. El jiennense disputó su último encuentro como titular el pasado veinticuatro de abril, cuando cayó lesionado en los primeros lances del duelo contra el Puertollano. Quedaban tres jornadas para la conclusión del campeonato y Juanse, que había sido decisivo en los esquemas de Jose González, no podría ayudar al equipo a consolidar su clasificación para los play-off.

Logró acortar el tiempo de recuperación, reincorporándose al equipo para poder jugar parte del segundo tiempo en el último e intrascendente partido de la fase regular ante el Melilla. Fue convocado para el primer encuentro del play-off contra el Mirandés, pero no jugó. Ante la presumible baja de Enrique (que lleva toda la semana arrastrando unos problemas de rodilla), Juanse disputará, como él mismo reconoció, el encuentro más importante de su prometedora carrera.

Ni la pasada campaña en el Somozas, en la que peleó por evitar el descenso. Ni este año en el Jerez Industrial o en el Cádiz. Nunca en un partido había estado tanto en juego. La pasada campaña, Juanse logró la permanencia en Tercera División con el Somozas, finalizando el cuadro gallego en la decimosexta plaza. A pesar de ser motivante y especial luchar por no bajar, no se parece en nada a la pelea por ascender. Más si se tiene en cuenta que el Cádiz pelea por regresar al fútbol nacional.

No cabe duda de que si finalmente Enrique no pueda estar presente en Miranda de Ebro, Juanse Pegalajar lo suplirá con creces. No hay que olvidar que, a pesar de llegar en enero para reforzar al filial, ha acabado haciéndose un hueco en la primera plantilla del Cádiz. Tiene desparpajo y calidad. Y, sobre todo, mucha hambre. Ganas de volver a vestirse de corto, de jugar y aportar su granito de arena en un partido de estas características.

Desde su debut con el Cádiz en La Constitución de Yecla no ha parado de crecer. En total, Juanse ha jugado trece encuentros esta temporada con el Cádiz, siendo titular en doce de ellos: hasta que se produjo la inoportuna lesión contra el Puertollano. Acumula novecientos veintiséis minutos esta temporada: una media de setenta y uno por partido.

También es un futbolista que no rehúye de las responsabilidades, que no teme tener el balón cuando este quema, cuando más difícil resulta jugar. Prueba de ello es que, el único gol que ha marcado con la elástica cadista fue de penalti, en un partido complicado ante el Poli Ejido y, cuando sobre el terreno de juego había otros compañeros capaces de asumir la responsabilidad. Los saques de falta o de esquina también pasaron a ser competencia de Juanse desde que Jose González le dio la alternativa.

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Prohibido relajarse con los de Pouso

Uno de los principales artífices del éxito del Mirandés es Carlos Pouso, entrenador del equipo. Nacido en Lejona, este entrenador vasco llegó a Miranda de Ebro hace poco menos de un año, con el aval de haber salvado del descenso a Tercera División al modesto Guijuelo. Pocos podían imaginar, durante la rueda de prensa que concedió en su presentación, que un año más tarde el Mirandés iba a pelear por ascender a Segunda División.

Aquel día, Pouso hizo referencia a la grada del Anduva. “Es un privilegio jugar en un campo donde vienen tres o cuatro mil personas”, dijo. También recalcó que pretendía que su Mirandés fuera un equipo “defensivo”, pero que metiera “muchos goles”. El objetivo, a su llegada, era lograr la permanencia para el Mirandés, que había sufrido en exceso el año de su retorno a la división de bronce del fútbol español. El resultado final es más que satisfactorio. Empezó a trabajar confeccionando la plantilla del Mirandés, consiguiendo traerse a tres jugadores que estuvieron a sus órdenes el año anterior en el Guijuelo: Wilfred, César Caneda (curiosamente, los únicos futbolistas que acumulan más de tres mil minutos de juego esta campaña en el Mirandés) y Ubis. En total, llegaron trece caras nuevas al Mirandés.

El vasco tiene una amplia experiencia en los banquillos, pues ha pasado por prácticamente todas las categorías del fútbol español. Donde más experiencia acumula es en Tercera División y en Segunda B. Su estreno en Tercera llegó cuando dirigió al Arenas de Getxo, histórico del fútbol nacional por haber ganado la Copa en 1919. Luego, dio el paso al Cultural de Durango. Pero su etapa más brillante en un banquillo la viviría en el Sestao River.

Cinco campañas dirigió al Sestao: dos de ellas en Tercera División y tres en Segunda B. En su primera temporada, la 2003-2004, el Sestao vivió su primer ascenso a Segunda B. Logró el liderato de su grupo de Tercera y el ascenso final tras derrotar al Haro y Tropezón en las eliminatorias finales. Su estreno en Segunda B no fue bueno, pues el Sestao perdió la categoría (finalizó el decimoctavo) De vuelta a Tercera División, su equipo volvió a ascender: volvió a liderar su grupo y en las eliminatorias superó al Sabiñánigo y al Peña Sport. Sus dos últimas campañas en Segunda B fueron francamente buenas: el Sestao acabó quinto y décimo de su grupo.

Su contrato con el Sestao expiró y, a pesar de tener una oferta para renovar encima de la mesa, Pouso la declinó. Tenía una oferta más ambiciosa. Era la temporada 2008-2009 y el Éibar, que militaba en Segunda División llamó a su puerta. Para poder dedicarse plenamente al conjunto armero, Pouso tuvo que solicitar un año de excedencia en la empresa naval para la que trabajaba, cargo que compaginaba junto a sus funciones de entrenador de fútbol. En aquel Éibar militaba el hoy realista Paco Sutil. Sin embargo, las cosas no le fueron bien en su nueva andadura: fue destituido en el mes de marzo, tras haber dirigido veintisiete encuentros.

No volvió a sentarse en un banquillo hasta que la temporada 2009-2010 estuvo bien empezada. En el mes de enero de 2010 sustituyó a Ángel González al frente del Guijuelo, con el objetivo de lograr una salvación imposible para el conjunto salmantino. Y Pouso lo logró. No fue por la vía directa, pues el Guijuelo tuvo que jugar la eliminatoria por la permanencia en Segunda B, en la que superaron al Espanyol B, con un destacado papel de Ubis.

Ahora, en el Municipal de Anduva, Carlos Pouso se enfrenta al mayor reto de su carrera como entrenador. Tiene un marcador adverso: dos goles en contra. Pero a lo largo de su trayectoria ha demostrado no darse por vencido ante las adversidades. Ha conseguido imprimir su carácter ganador al Mirandés. Prohibido relajarse, por tanto, el domingo.

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martes, 24 de mayo de 2011

El Cádiz con dos por delante

Nunca antes el Cádiz cayó en eliminatorias a doble partido cuando en la ida cosechó una renta de dos goles a favor. Al menos, desde la temporada 1984-1985. Desde aquella temporada, hasta en siete eliminatorias el Cádiz venció en la ida por dos goles, renta que le permitió salir victorioso del envite tras la disputa del encuentro de vuelta. Ante el Mirandés, llegará la novena ocasión, primera en un play-off de ascenso a Segunda División. De las ocho anteriores (en el período consultado) siete fueron de Copa del Rey, mientras que la otra fue en la promoción para permanecer en Primera División.

En la temporada 1984-1985 encontramos los primeros precedentes, en la Copa del Rey. El Cádiz de Benito Joanet, que militaba en Segunda División y que a final de temporada lograría ascender a Primera División, se enfrentó en la primera ronda de la Copa del Rey al Coria. En la ida, los cadistas vencieron por 0-2. En la vuelta, el Cádiz consiguió nuevamente la victoria por 2-1. En la segunda ronda del torneo del k.o., el Cádiz se midió al Betis Deportivo (actualmente Betis B). En la ida, los cadistas se impusieron al filial verdiblanco por 2-0, cómoda renta que le permitió ir sin agobios al encuentro de vuelta. El Cádiz arrasó, literalmente, a su rival, pues lo derrotó en la vuelta por 1-3, logrando de esta manera el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey.

En la siguiente temporada, la 1985-1986, encontramos el tercer precedente en el que el Cádiz, con dos goles de renta en el primer encuentro, logró el pase a la siguiente ronda. Fue, también, en la Copa del Rey, esta vez en la primera ronda. El Cádiz, entrenado por aquel entonces por Paquito, visitaba al Mairena. El resultado, victoria cadista por 0-2. En la vuelta, el Cádiz consiguió una abultada goleada: 9-0 (repitiendo el resultado que se cosechó, en la primera ronda de la Copa del Rey de la temporada 1983-1984 contra el Ceuta)

Hasta la temporada 1987-1988 no encontramos otra eliminatoria a doble partido en la que el Cádiz consiguiera dos goles de ventaja en la ida. Fue la campaña en la que el Cádiz logró, de la mano de Víctor Espárrago, la mejor clasificación de su historia en la élite del fútbol español. En esta ocasión, fue en los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, siendo el rival el Recreativo de Huelva. En la ida, disputada en el antiguo Estadio Colombino de Huelva, el Cádiz venció por 1-3. La vuelta, jugada en Carranza, finalizó con empate a cero, lo que daba el pase a los amarillos.

En la temporada 1989-1990 se logró llegar a las semifinales de la Copa del Rey, hito inigualable en la historia del Cádiz. En la primera ronda de aquel torneo, los amarillos se enfrentaron al Mollerussa, conjunto leridano que militaba en Segunda División B. En la ida, jugada en septiembre de 1989, el Cádiz venció por 1-3. El encuentro de vuelta, jugado en el Ramón de Carranza, también presentó un cómodo resultado para los cadistas, que vencieron por 3-0. Tras la Mollerussa cayeron el Barcelona B, el Real Betis y el Sporting de Gijón, siendo el verdugo del Cádiz el Real Madrid.

El único precedente que no corresponde a partido de Copa del Rey lo encontramos en la temporada 1991-1992. El Cádiz, dirigido por Ramón Blanco, se medía en la promoción al Figueres, para mantenerse en Primera División una temporada más. El encuentro de ida se disputó en el Ramón de Carranza, venciendo los cadistas por 2-0, gracias a los goles de Tilico y Fali Benítez. La vuelta, disputada en el Municipal de Figueres, finalizó con empate a uno (el gol del Cádiz lo anotó Quevedo)

En la edición de la Copa del Rey de la temporada 1994-1995, primera temporada del Cádiz en Segunda División B, los cadistas apearon al San Roque. En la ida, disputada a domicilio, los futbolistas de Cacho Heredia vencieron por 0-2. En el encuentro de vuelta de la eliminatoria también venció el Cádiz por 2-0. También en Copa y en Segunda B, el Cádiz eliminó al Granada en la primera ronda de la temporada 2001-2002. En la ida, jugada en territorio nazarí, el Cádiz se impuso por 0-2; en la vuelta, hizo lo propio por 4-1.

Ocho eliminatorias superadas con dos goles de renta en la ida. Ante el Mirandés, llegará la novena. Ojalá, que se mantenga la dinámica de anteriores eliminatorias.

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El Mirandés en Anduva

Con el 2-0 cosechado en el Ramón de Carranza, el Cádiz de Jose González deberá visitar al Mirandés en su estadio, el Municipal de Anduva. Un estadio en el que los burgaleses no han podido cosechar buenos resultados esta temporada. Cierto es que lo que ocurrió en Liga poco o nada tiene que ver con lo que pueda pasar en el play-off (pues el Mirandés venía con la vitola de ser el mejor visitante de Segunda B y perdió en Carranza), pero puede ser orientativo, de cara a lo que pudiera ocurrir en el encuentro de vuelta.

En casa, el Mirandés ha conseguido treinta y dos puntos de cincuenta y siete posibles: un 56,14% de los puntos en juego. De hecho, en una hipotética clasificación del Grupo II como local, los de Miranda de Ebro estarían muy lejos de los puestos de honor. Serían séptimos. En total, el Mirandés ha ganado ocho partidos, ha empatado ocho y ha perdido tres ante su afición, con veintitrés goles a favor y once en contra.

Para lograr la clasificación, el Mirandés necesita marcar más de dos goles, siempre y cuando el Cádiz no consiga batir a Wilfred. Con el 2-0, los rojinegros forzarían la prórroga. Analizando los resultados cosechados esta campaña por el Mirandés ante su público, puede llegarse a la conclusión de que muy pocos le valdrían para apear al Cádiz y pasar a la segunda ronda del play-off.

De los diecinueve encuentros que el Mirandés ha jugado como local esta campaña, sólo ha ganado ocho. Por tanto, inicialmente puede decirse que tan sólo el 42,1% de los resultados que ha logrado como local podrían valerle para eliminar al Cádiz.

Ahora bien, no todas las victorias del Mirandés como local han sido por más de dos goles de diferencia. Cuatro han sido por 2-0, lo que forzaría la prórroga. Otros dos han sido por la mínima, lo que le daría el pase al Cádiz. En sólo dos encuentros como local el Mirandés ha sido capaz de hacer más de dos goles, consiguiendo la victoria. Fue ante La Muela (6-2) y Zamora (4-0)

Como puede apreciarse en el gráfico, tan sólo un 25% de las victorias del Mirandés esta temporada le darían la clasificación directa, mientras que un 50% de estos triunfos forzarían la prórroga el próximo domingo en Anduva.

Realizando porcentajes totales (es decir, contabilizando victorias, derrotas y empates del Mirandés en el Municipal de Anduva en la fase regular) podemos ver cómo el 11% de los resultados dan el pase a los locales. Del mismo modo, sólo el 21,05% de los resultados permitirían al Mirandés disputar la prórroga. En un 68% de los casos, el Cádiz superaría la eliminatoria.

La situación, mirando los resultados que el Mirandés ha logrado como local, se antoja complicada para los rojinegros. Más aún si lo que miramos son las estadísticas del Cádiz como visitante. Los amarillos (cuartos mejores visitantes del Grupo IV) han ganado nueve encuentros, empatado tres y perdido siete a domicilio. De las siete derrotas, ninguna serviría al Mirandés para lograr la clasificación directa. Sólo un resultado como visitante del Cádiz posibilitaría que el Mirandés jugara la prórroga:

Vemos, por lo tanto, que tan sólo el resultado del último encuentro liguero ante el Melilla, valdría al Mirandés para forzar la prórroga. Finalizando los porcentajes, el 94,73% de los resultados del Cádiz a domicilio permitiría que los cadistas pasaran a la siguiente ronda. Nada tendrá que ver esto con la Liga, y las estadísticas, dicen, están para romperse, pero estas en concreto, son halagüeñas para los intereses cadistas.

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lunes, 23 de mayo de 2011

Vital Cifuentes

No es bueno personalizar, pero si en el partido de ida hubo un futbolista clave y fundamental para la victoria del Cádiz, ese fue Cifuentes. El madrileño demostró, una vez más, por qué es un futbolista fundamental en este equipo. Ha hecho una gran temporada, siendo de lo mejor del Cádiz y, en la eliminatoria del play-off, no quiso esconderse. Como los grandes futbolistas, que son buenos cuando no hay nada en juego y son más buenos aún cuando hay que poner toda la carne en el asador, cuando hay que jugarse el todo por el todo. Cifuentes es uno de ellos, un auténtico lujo en defensa.

El madrileño fue determinante en el partido más importante de la temporada. Ya lo fue, en la fase regular, en otro partido grande. Contra el Murcia, en la Nueva Condomina, marcó un gol que casi estuvo de darle tres puntos de oro al Cádiz (y quién sabe si hubiera cambiado en algo la película de la temporada regular) Contra el Mirandés Cifuentes no quiso ser menos.

Marcó su segundo gol con la elástica cadista en un momento crucial, sin duda, más importante que el gol ante el Murcia. Carlos Caballero fue el encargado de lanzar un penalti a los cuatro minutos de partido. El mediapunta cadista había transformado dos penaltis esta temporada (en Écija y contra el Puertollano) pero esta vez le pudo la presión. Su lanzamiento fue detenido por Wilfred, que no pudo hacerse con el balón. El rechace lo recogió Cifuentes, que sin miramientos adelantaba al Cádiz.

Cifuentes fue el primer amonestado del partido. Una amarilla injusta, pues el árbitro consideró que Pablo Infante había sido derribado por el lateral cadista, cuando sin embargo el jugador rojinegro pudo dejarse caer. Sea como fuere, Cifuentes jugó gran parte del encuentro condicionado por esta amonestación, aunque no es menos cierto que cuajó una gran actuación. Tuvo un duelo intenso con Pablo Infante, de los más peligrosos del Mirandés.

En el segundo tiempo, Cifuentes fue clave. Cuando peor lo estaba pasando el Cádiz, cuando los delanteros del Mirandés estaban metiendo el miedo en el cuerpo a la afición de Carranza y a toda la hinchada que, lejos de Cádiz escuchaba el partido a través de la radio, llegó el segundo gol del partido. Su autor no fue Cifuentes, sino Antonio Moreno, pero el lateral participó decisivamente en ese gol. Suyo fue el centro medido a la cabeza del delantero malagueño, que daba la tranquilidad al Cádiz. Un gol que finiquitaba el partido y quién sabe si la eliminatoria.

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El armario de González

A un cuarto de hora para el final Jose González quitó a López Silva y le dio entrada a Velasco, llamado a ser el sexto hombre (utilizando terminología de baloncesto) del Cádiz esta temporada. Sin embargo, esta vez no fue Velasco quien vio puerta saliendo desde el banquillo, sino Antonio Moreno, que también entró en sustitución de Pachón con poco menos de media hora por delante. Buena noticia para el Cádiz, que sigue demostrando la tendencia de las últimas jornadas: tiene fondo de armario.

El equipo ha anotado hasta la fecha (contando los dos tantos logrados ayer) sesenta y tres goles. De ellos, un 36,5% fueron obra de Enrique y Pachón (con doce y once goles, respectivamente) El extremeño lleva sin ver puerta desde la jornada trigésimo quinta, cuando batió a Nacho (cancerbero del Puertollano) desde los once metros. Pachón, lleva sin marcar desde la trigésimo séptima jornada, cuando logró el tanto del empate contra el Roquetas. En las últimas jornadas estos dos jugadores, vitales y que han llevado a lo largo de la campaña el peso goleador del equipo, han visto reducida su parcela de responsabilidad, lo que no quiere decir que su concurso no sea vital para el equipo.

Otros compañeros, como Carlos Caballero, Velasco, Antonio Moreno, Baquero, Serrano o Cifuentes han aportado su granito de arena, marcando al menos un gol en los últimos ocho partidos. Todo esto no es más que una muy buena señal: todo el equipo está enchufado y el Cádiz tiene más alternativas que Enrique y Pachón.

Volviendo al tema del fondo de armario, no es menos importante reseñar que los jugadores que empezaron el encuentro desde el banquillo, han logrado anotar cinco goles en los últimos nueve compromisos del club.

A lo largo de la temporada el Cádiz ha marcado doce goles gracias a jugadores que salían desde el banquillo (un 19,09% del total de goles conseguidos), pero en los últimos encuentros este porcentaje ha mejorado considerablemente: cinco goles de dieciocho, un 27,77%. Se trata, en su inmensa mayoría, de goles decisivos, que o bien han significado victorias (los goles de Velasco a Sevilla Atlético o Roquetas, sin ir más lejos) o que han conseguido dar la tranquilidad al equipo en compromisos duros (el de esta semana ante el Mirandés) A continuación, exponemos los goles de jugadores del Cádiz saliendo desde el banquillo:

Muy importante es que todo el mundo responda tan positivamente, que la implicación entre los jugadores habituales y los menos habituales siga manteniéndose intacta. Es vital que todos y cada uno de los jugadores del Cádiz asuman las responsabilidades que les corresponden y que aporten, sumen, cuando tengan que jugar.

Que Carlos Caballero lleve la batuta, mueva al equipo y busque más portería es fundamental. Que López Silva saque a relucir toda la calidad que atesoran sus botas (más cuando tiene que competir con Juanse y Aarón Bueno por el puesto) es fantástico. Que Velasco, saliendo desde el banquillo marque, es buena señal. También lo es que Antonio Moreno, tras superar su calvario de lesiones, llegue con la pólvora cargada al tramo decisivo. Su concurso es vital, además de que acabará forzando que Pachón dé un rendimiento mejor del que ya ha dado (muy positivo, verdaderamente) para mantener su puesto en el once titular. Es decir, el Cádiz demuestra tener alternativas y aumenta la competitividad entre compañeros.

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domingo, 22 de mayo de 2011

El Cádiz se lleva el primer asalto

El Cádiz se adjudica el primer asalto de la eliminatoria, tras vencer al Mirandés por 2-0, gracias a los goles de Cifuentes, tras un penalti marrado por Caballero, y Antonio Moreno. El conjunto burgalés no le perdió la cara al encuentro, llevó la batuta del juego y le puso las cosas muy complicadas a los cadistas en el segundo tiempo.

Llegó la hora de la verdad. Tras treinta y ocho partidos, el Cádiz jugaba el encuentro más importante de la temporada. El primero de seis que podían propiciar el regreso del equipo cadista al fútbol profesional. El primer escollo era el Mirandés, conjunto difícil, líder del Grupo II de Segunda B durante gran parte del campeonato y que perdió el liderato en la última jornada. El cuadro burgalés era el mejor visitante de la categoría, un rival peligroso y a tener muy en cuenta.

El Cádiz afrontaba el encuentro con las bajas de José Serrano (por lesión) y Aarón Bueno (por sanción) En la convocatoria destacaba el regreso de Dani Miguélez, ausente desde su lesión en Yecla. El once que alineó Jose González en este crucial encuentro estuvo integrado por Álvaro Campos bajo palos, línea defensiva con Cifuentes, Álvaro Silva, Pedro Baquero y Raúl López; Moke y José Miguel Caballero en el doble pivote, López Silva y Enrique en los extremos, Carlos Caballero en la mediapunta y Pachón como hombre más adelantado. Por parte del Mirandés, formaron de inicio Wilfred, Garmendia, César Caneda, Álvaro Corral, Raúl García, Mújika, Jony Ñiguez, Iván Agustín, Antxón Muneta, Alain y Pablo Infante. El Ramón de Carranza presentaba un ambiente espectacular, el mejor de todo el año: una impresionante lluvia de papelillos recibió al Cádiz tras su salida del túnel de vestuarios.

Con el comienzo del partido el Mirandés intentó hacerse con el control del esférico, moviéndolo con calma y tratando de jugar en campo del Cádiz. A los amarillos el balón le duraba bastante poco, también por culpa de la presión del Mirandés, que había adelantado bastante sus líneas. Pedro Baquero, en los instantes iniciales, protagonizó un par de pérdidas de balón que mostraban cierto nerviosismo del equipo en general.

Sin embargo, en el primer acercamiento del Cádiz, el colegiado canario Alemán Pérez pitó penalti favorable a los amarillos. Tras una larga jugada de ataque, en la que participaron López Silva y Carlos Caballero, el balón se quedó en el área del Mirandés. Lo recogió, llegando desde atrás, Enrique, que fue derribado dentro del área, señalando la pena máxima el árbitro.

Gol de Cifuentes

El encargado de lanzar fue Carlos Caballero, que esta temporada no había marrado ninguna pena máxima. Sin embargo, esta vez el madrileño tiró muy mal el penalti: centrado y flojito, fácil para el cancerbero del Mirandés. El rechace fue recogido por Cifuentes, que marcó a placer. La jugada fue muy protestada por los centrales del Mirandés, que reclamaron fuera de juego al colegiado. 1-0 a los cinco minutos de juego: el partido se ponía muy favorable a los intereses del Cádiz. En la siguiente jugada, Enrique, a la media vuelta y dentro del área, cerca estuvo de hacer el segundo, pero su remate se marchó fuera.

A pesar del gol recibido, el Mirandés mantuvo la idea del comienzo del encuentro. Presionaba muy arriba la salida del balón del Cádiz, que tenía dificultades para conectar con sus jugadores de ataque. A los amarillos les faltaba fluidez en la circulación del balón. A los once minutos de juego Antxón Muneta tuvo una gran oportunidad para lograr el empate: perdonó dentro del área, pues su disparo se marchó fuera. Tras esto, el encuentro estuvo parado unos instantes, pues Álvaro Silva tuvo que ser atendido por el doctor del equipo tras un choque con un atacante rival. Ambos equipos jugaron con diez durante unos minutos, jugando Moke en la posición de Álvaro Silva.

Las oportunidades de mayor peligro seguían siendo para el Cádiz. Al cuarto de hora, José Miguel Caballero pudo marcar tras el saque de un corner, pero su remate de cabeza se marchó rozando el poste de la portería de Wilfred. Sin ángulo, unos minutos más tarde, López Silva pudo hacer el segundo. Trató de superar al meta del Mirandés con una vaselina imposible, que acabó botando cerca del poste.

Carrusel de amarillas

El primer amonestado del encuentro fue Cifuentes, en una jugada en la que el madrileño derribó, en el interior de la media luna del área, a Pablo Infante. El lanzador de la falta fue Jony Ñiguez, pero su disparo acabó golpeando en la barrera, yéndose a saque de esquina. Raúl López también vio la amarilla tras realizar una entrada a destiempo en el centro del campo. A pesar de estas amonestaciones, las jugadas más peligrosas seguían siendo del Cádiz, tanto en contragolpes como conduciendo el balón. La tercera amarilla del Cádiz la vio López Silva, después de caer dentro del área y que el colegiado interpretara que el onubense fingía penalti. Por parte del Mirandés, fueron amonestados Raúl García y Álvaro Corral.

Conforme fueron pasando los minutos el Cádiz fue sintiéndose más cómodo sobre el terreno de juego, presionando algo más al Mirandés, que empezaba a cometer imprecisiones en la distribución del cuero. De todos modos, se echaba en falta algo de velocidad en la conducción del balón del cuadro local. A pesar de ello, lo peor del Cádiz eran algunos despejes de Moke, que comprometían a sus compañeros. El franco-congoleño estaba algo impreciso también en el pase. En el Mirandés el máximo peligro lo llevaba Pablo Infante, con mucha movilidad y cercano al área del Cádiz. Tras un disparo cruzado de Infante que acabó en corner, Álvaro Campos realizó una gran parada, tras un remate de cabeza centrado y fuerte del Mirandés. Un minuto descontó sobre el tiempo reglamentario Alemán Pérez, que se agotó sin que ocurriera nada.

El segundo período empezó con el Cádiz tratando de ir a por el segundo, buscando llegar al área de Wilfred, sobre todo por banda izquierda, donde López Silva estaba completando un gran encuentro. No era fácil llegar, pues el Mirandés acumulaba muchos hombres en el centro del campo (cinco), pero los burgaleses mostraban muchas dificultades a la hora de defender las jugadas de estrategia. En el minuto cincuenta el Cádiz rozó el segundo gol. En una falta lateral botada por Enrique, Pachón remató a bocajarro de cabeza dentro del área, metiendo Wilfred una mano sensacional para enviar el balón a saque de esquina.

Dominio del Mirandés

En el minuto cincuenta y cuatro el Mirandés dispuso de una falta lateral de mucho peligro, que fue despejada por Álvaro Silva. Tras este lanzamiento, Enrique disparó desde la frontal, pero su lanzamiento fue interceptado por Wilfred. A la hora de juego, el Cádiz realizó su primer cambio: Álvaro Jurado entró por José Miguel Caballero. La posesión la manejaba con acierto el Mirandés, que tocaba tratando de ver cómo asustar al Cádiz. Los amarillos generaban peligro en los contragolpes. Todos los rechaces beneficiaban al Mirandés: Alain pudo marcar tras recoger uno, pero su disparo no encontró portería.

El cuadro rojinegro empezó a buscar con mayor ahínco la portería del Cádiz. Mújika pudo empatar, pero su disparo dentro del área se marchó fuera. Jose González decidió darle entrada, en el minuto sesenta y cuatro, a Antonio Moreno por Sergio Pachón, muy trabajador, pero poco acertado de cara a puerta. El Cádiz en este segundo tiempo, pese al prometedor inicio, estaba totalmente desaparecido. Apenas llegaba a las inmediaciones del área del Mirandés y estaba sufriendo demasiado atrás. El Mirandés realizó su primer cambio poco después: se marchó Alain por Ubis.

El Cádiz, aún así, no estaba muerto. Una buena jugada de Moke finalizó con un remate dentro del área de Enrique, que dio en el pie de César Caneda cuando llevaba camino de introducirse en la portería de Wilfred. Pero el dominio seguía teniéndolo el Mirandés, que tras una serie de rebotes entre los jugadores cadistas cerca estuvo de empatar. La jugada acabó yéndose a saque de esquina. En el minuto setenta y cinco, Alemán Pérez amonestó a Enrique, en una decisión poco acertada del colegiado.

Moreno sentencia

Iván Agustín fue sustituido por Mikel Martins; también López Silva fue sustituido por Fernando Velasco. En los minutos finales el encuentro enloqueció. Los equipos perdían y recuperaban la posesión del balón en el centro del campo con mucha facilidad, tratando de irse al ataque. Peor organizados estaban los ataques cadistas, pues muy pocos futbolistas acompañaban los contragolpes.

A nueve minutos del final, Carlos Pouso realizó el último cambio del Mirandés: se marchó Mújika y entró Candelas. Cuando peor estaban las cosas, el Cádiz dio un golpe sobre la mesa. Tras presionar a Corrales y recuperar el esférico, Cifuentes centró desde la banda derecha, rematando en el primer palo Antonio Moreno. Su cabezazo acabó introduciéndose en la portería del Mirandés. 2-0.

El colegiado descontó tres minutos sobre el tiempo reglamentario. No ocurrió nada. El Mirandés llegó de forma tímida al área de Campos, que se mostró muy seguro. Con 2-0 finalizó el primer encuentro del play-off para el Cádiz. Buen resultado, que invita al optimismo para la vuelta en Miranda de Ebro.

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